domingo, 15 de noviembre de 2015

La salud de Carlos V.

Tras la Revolución de 1868 un grupo de antimonárquicos abrieron las tumbas del panteón del Escorial para mostrar al pueblo que los monarcas también se pudrían, como el resto de los mortales. El marqués de Villaverde sobornó a uno de los vigilantes para poder cortar una de las falanges del emperador Carlos V. El aristócrata la mantuvo en su poder hasta el día de su muerte. Su familia negoció con el rey Alfonso XIII la restitución de la reliquia, que fue aceptada pero no devuelta al panteón en 1912.
 En 2004, el médico colombiano, Julián de Zulueta, hijo de republicanos españoles, solicitó al monarca Juan Carlos I estudiar la falange para determinar cual fue el estado de salud y las causas del fallecimiento del hombre más poderoso de la primera mitad del siglo XVI. Se descubrió que la causa principal del fallecimiento fue la malaria.
Carlos V nació en una época durante la que los monarcas habían dejado de casarse con las hijas de los nobles de mayor rango para hacerlo con las de otros reyes. En el caso de Carlos V la endogamia produjo un acentuado prognatismo, una deformidad en la mandíbula que le impedía masticar correctamente. De hecho, Carlos decidió comer en privado porque no deseaba que nadie viera los restos de comida escapar de su boca pese a los esfuerzos por retenerlos. El prognatismo fue a peor con las sucesivas generaciones de Habsburgo españoles.
Del norte de Europa, Carlos V se trajo dos aficiones: el consumo de cerveza y de carnes rojas, especialmente de caza. Esto le produjo, como a muchos de los gobernantes de su tiempo, gota. Pero según Gregorio Marañón, nuestro Premio Nobel de Medicina, Carlos V también sufrió de epilepsia, hemorroides, problemas respiratorios y amigdalitis. Nunguna de estas dolencias, por sí sola, habría matado al dueño y señor de media Europa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario