domingo, 20 de diciembre de 2015

El viaje de Arlo.


 
Supongamos por un momento que el meteorito no matara a los dinosaurios hace 65 millones de años. Es más, supongamos que los dinosaurios se han humanizado y han descubierto actividades como la agricultura y la ganadería. Ricemos el rizo. Sí . Conviven con los humanos, a los que consideran animalitos simpáticos pero molestos. Bienvenidos al mundo de Arlo.
Arlo es un apatosaurio que vive en la granja de sus padres, con sus hermanos Buck y Libbie. Debilucho para hacer las faenas de la granja, cobardón hasta decir basta, su padre le ancargará matar un humano que se está comiendo el maíz de la familia. Pero no podrá.
Alejado de su granja, tras la muerte del padre, tendrá que encontrar el camino de vuelta y su fuerza interior. Y no será fácil porque en el camino le esperan adversarios como los pterosaurios carroñeros y los cuatreros velociraptores. Pero encontrará amigos como su guía, el humano que en teoría tendría que haber matado como alimaña, y una familia de tiranosaurios vaqueros, dirigidos por un patriarca lleno de cicatrices que recuerda a John Wayne.

Crítica:
Lo bueno de está película es que no parte de la premisa de Bambi, aunque mustre la muerte de uno de los progenitares de Arlo. La naturaleza no es esa comunidad donde todos viven en armonía y se llevan bien. El mundo de Arlo es hostil, la Madre Naturaleza lo es todo menos maternal, y es aceptar eso lo que forma parte del camino hacia la madurez del pequeño apatosaurio.
No tenemos el control de la Naturaleza. Eso es lo que intentan explicar a los niños desde los estudios Pixar.

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