domingo, 21 de febrero de 2016

Felipe II y las reliquias.

Colonia, hacia 1550. Cuando el príncipe Felipe, hijo del emperador Carlos V, acompaña a su progenitor en uno de sus periplos centroeuropeos para atender asunton políticos, dinásticos y militares, el muchacho, bien parecido, exitoso con las damas, recibe la noticia de un lugar donde se almacenaban huesos y cabezas de santos en cantidad industrial. Aquello impresionó al príncipe católico que copró un centenar de reliquias y las hizo trasladar a España. Incrementó su colección, año tras año, hasta que en 1567, ya rey de España, solicitó al papa Pío V el permiso para coleccionar reliquias y almacenarlas en el monasterio de El Escorial.
Con la ayuda de nobles y clérigos reunió 7.422 reliquías que incluían 12 cuerpos enteros, 144 cabezas y 366 miembros de santos autentificados, eso sí, por las autoridades religiosas del norte de Italia, las que estaban a cargo de las catacumbas romanas, y las del sur de Alemania. Tenía especial interés en las reliquias que estaban en países protestantes, porque Felipe II se temía con toda la razón del mundo que en uno de los múltiples levantamientos populares contra los católicos de esos territorios, fueran destruidas.
Dicen que el llamado Rey Prudente desatendía importantes cuestiones de estado para poder llegarse al Escorial y echar un vistazo a su colección. Ya al final de su vida solía llevar con él a su heredero, el futuro Felipe III pra que besase y toquetease los ricos relicarios de oro.
 Creo en el monasterio de El Escorial el puesto de hermano reliquiero, con la misión de limpiar, clasificar y ordenar la colección de trozos de santos del Rey. Felipe II era muy exigente con la gente que se encargaba de estas tareas y despidió a muchos sirvientes por dejadez en el cuidado de la colección real. Muchos psicólogos actuales creen que cayó en esta manifestación obsesivo- compulsiva porque siempre había temido no estar a la altura de la dignidad y los logros de su padre, el emperador Carlos V. Los protestantes utilizaron esta afición desmedida como una muestra del fanatismo de los valores católicos que suponían haber dejado atrás.
En 1591 se quedaron pequeños los armarios de la capilla de las reliquias. A la izquierda había un altar dedicado a la Anunciación donde se conservaban las reliquias de santas: el de la derecha estaba dedicado a san Jerónimo y contenía los restos de los varones
Felipe II, ya anciano, menudeó en sus visitas a la colección. Se sentía incomprendido por un Dios a quien dedicaba todas sus directrices políticas en Europa y el Nuevo Mundo. Además había visto morir a sus 4 esposas, a 6 de sus 8 hijos, a sus hermanos, a su hermanastro Juan de Austria, y a algunos de sus nietos. Estaba muy enfermo, Llegó a padecer 22 enfermedades en el transcurso de un año. Y su agonía no fue mejor. Dolores intensos, pústulas malolientes y desagradables de ver, olores fétidos de sus deposiciones... ¿Dios le había abandonado?¿Lo había malinterpretado todo?¿O es que Dios le ponía a prueba de una forma ejemplar? Murió sin saberlo, pero rodeado de sus reliquias favoritas: un pelo de la barba de Cristo, un cabelo de la Virgen, la rodilla completa de San Sebastián, un brazo de San Vicente, la cabeza de San Blás...
También había numerosos crucifijos, estatuas y cuadros como "EL JARDÍN DE LAS DELICIAS" de El Bosco.

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