martes, 26 de abril de 2016

Jacqueline y Eileen "Didi" Nearne. "Un frío y solitario valor".

Durante la Segunda Guerra Mundial 3.200 muchachas fueron reclutadas para combatir y hacer sabotajes en la Europa aplastada por la bota de los nazis. Muchas fueron capturadas, torturadas y enviadas a campos de concentración. Casi ninguna habló. Susan Ottway ha publicado el libro UN SOLITARIO VALOR: LA INEDITA HISTORIA DE DOS HERMANAS ESPÍAS EN LA FRANCIA OCUPADA para seguir la experiencia de guerra en las sombras de dos de ellas.

¿Por qué ese título Susan?

Es una frase del escritor Selwyn Jeason. Entrevitó a muchos miembros femeninos de la Ejecutiva de Operaciones Especiales, la agencia que enviaba a estas mujeres a jugarse la vida en Europa. Tenía razón. Jacquelina era una operadora de radio clanestina y tenía que tragarse el miedo a solas. Como todas esas mujeres.

¿Qué puedes decirnos del SOE?

El SOE fue fundado en 1942 por Churchill como una organización secreta cuya misión era enviar agentes de ambos sexos a los países ocupados para crear tanto caos como fuera posible.
Jacqueline y Eileen estaban asignadas a la sección francesa. Ambas se habían criado en Francia, a pesar de que su padre era británico, y habían escapado a Gran Bretaña a través de Portugal. Las acompañaban sus hermanos, uno de los cuales se alistó en la RAF.

Pero, ¿cómo dos chicas llegan hasta una agencia de inteligencia?

No era lo que buscaba ninguna de las dos.Pero el problema en Gran Bretaña era el mismo que en Francia. No había muchos trabajos disponibles. Como las dos hablaban francés y se habían educado en Francia, el reclutador decidió darles una oportunidad.
Pasaron las mismas pruebas de salto en paracaídas, manejo de explosivos y del estilete que los hombres. Los instructores de combate sin armas les hacían daño durante los entrenamientos, porque se suponía que los agentes de la Gestapo y los soldados alemanes no tendrían ninguna consideración especial hacia ellas si eran capturadas. Acertaron.

"Didi" estuvo a punto de no ser aceptada.

Decían que era demasiado frívola e inmadura para el trabajo clandestino, pero de todas formas le dieron una oportunidad de contribuir al esfuerzo de guerra. Más tarde ese falso aire frívolo e inmaduro le salvaría la vida.

¿Qué hicieron tras saltar en paracaídas sobre la Francia ocupada?

Se unieron a los circuitos de la Resistencia que operaban en Francia. El líder del grupo de Jacqueline era un fabricante de muebles llamado Maurice Southgate. Había tratado de entrar en la RAF como piloto pero los reclutadores le dijeron que era demasiado viejo. Los reclutadores del SOE buscaban hombres de su edad, con su perfil.
Las dos hermanas llevaron mensajes por toda Francia en una bicicleta, y colaboraron en sabotajes contra instalaciones ferroviarias y  militares.

Pero Eileen fue capturada.

Le encontraron instrucciones de Londres para un sabotaje en un control. Fue trasladada al Centro de Interrogatorios de la Gestapo, en la Rue de las Saussaies, en París. Allí recibió el tratamiento de la "bagnoire". Los soldados alemanes la desnudaron, llenaron una bañera y trataron de convencerla de que iban a ahogarla si no hablaba. Eileen estuvo a punto de  morir pero no soltó palabra. Hizo ver que era una pueblerina estúpida que no sabía lo que contenía el papel. Incluso dijo que se quejaría el alcalde de París. Los alemanes la dejaron por imposible y la enviaron a Ravensbruck en lugar de matarla.

Jacqueline jamás fue capturada. Eileen no volvió a ser la misma tras el final de la guerra.

La estancia en Ravensbruck y las torturas sufridas la convirtieron en una mujer inestable. Intentó trabajar como estilista, con Helena Rubinstein, y como azafata de vuelo, pero las secuelas le impidieron conservar esos empleos. Durante bastantes años vivió una vida precaria, con una maleta siempre a mano.




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