sábado, 16 de abril de 2016

Roberto Canessa recuerda el accidente aéreo de los Andes.

¿Recuerdan la serie PERDIDOS? Pues si cambiamos las islas tropicales por la cordillera de los Andes y a los turistas norteamericanos por un grupo de estudiantes universitarios, en buena forma física por la práctica del rugby, de Uruguay, tedremos una idea aproximada de las duras elecciones que tuvo que hacer el grupo dirigido por el estudiante de medicina Roberto Canessa tras impactar en la ladera de una montaña desprovista de todo el 13 de octubre de 1972. Una de las elecciones que tuvieron que hacer los supervivientes fue elegir entre morir de hambre o comerse los cadáveres congelados de sus amigos.
Roberto Canessa era un estudiante de medicina de 19 años en 1972. Durante los siguientes años se convirtió en uno de los mas reconocidos cardiólogos pediátricos de Sudamérica. Pero las lecciones sobre la vida y la muerte en la cordillera más mortal del mundo nunca lo abandonaron del todo. En su nuevo libro TENGO QUE SOBREVIVIR; CÓMO UN ACCIDENTE AÉREO EN LOS ANDES INSPIRARON MI VOCACIÓN DE SALVAR VIDAS, cuenta cómo sobrevivió en las condiciones más difíciles y decidió consagrar su vida a dar esperanzas a los demás.

Sufriste el accidente aéreo a los 19 años, con toda la vida por delante. LLévanos a ese momento, por favor.

!Ëramos tan jóvenes todos! Habíamos alquilado un avión de la Fuerza Aérea de Uruguay para volar a Chile. El piloto nos avisó de que nos pusieramos los cinturones porque íbamos a entrar en una zona de turbulencias. Y empezamos a lanzarnos desde nuestros asientos uno de los balones de rugby del equipo y a cantar aquello de "!Conga, conga, conga!!El avión va a bailar la conga! "Uno de mis compañeros miró por la ventanilla y preguntó que si no podíamos volar rozando las montañas.
El avión giró hacia el norte para girar hacia Santiago y empezó a descender. Chocamos con bastante fuerza contra la ladera de una montaña y recibí un fuerte golpe en la cabeza. Pensé: "Estoy muerto" pero no me fijé en ese momento que estaba recitando el Ave María. Alguien imploraba ayuda al Señor y otro gritaba que se había quedado ciego. Me fijé en él.Tenia parte de los sesos al aire y una pieza de metal incrustada en el estómago.

Ha habido otros libros, e incluso una película, VIVEN, sobre vuestra horripilante experiencia. ¿por qué escribir sobre ello ahora?

Soy creyente. Siempre he pensado que nuestro accidente fue un experimento del Maligno. Se debió preguntar que pasaría si ponía unos muchachos jóvenes, en la flor de la vida, creyentes, en una situación extrema. ¿Perderían la fe?¿Quién sobreviviría y quién no?¿Qué se desmoronaría para siempre?

¿Por qué crees que sobreviviste?

Porque decidimos colaborar en lugar de competir. Yo estaba relativamente ileso y podía trabajar, así que me encargué de los heridos. Tuve que lidiar con piernas rotas y congelaciones. También era el que me encargaba de descuartizar los cuerpos para poder masticar la carne humana cruda.
Los que podíamos caminar parecíamos Mac Gyver uruguayos. Hicimos mantas con la tela de los asientos del avión, utilizamos el cuero de esos asientos para hacer calzado, hervíamos agua para beber. Ya te lo digo yo... En aquel lugar querría haber visto a Mc Gyver.

¿Podríamos hablarnos de la cuestión del canibalismo?

Canibalismo es cuando matas a una persona con fines alimenticios. Nosotros no llegamos a ese punto, así que podemos hablar de antropofagia. Se le parece pero no es lo mismo.
Habíamos hacho un pacto. Si moríamos, los supervivientes podían comernos. Pero nadie se comería a un familiar cercano y nadie le hincaría al diente a una mujer. Eso lo ecidimos cuando murió Susana Parrado. Alguien habló de la comunión. Morir para seguir viviendo. La Carne y la Sangre de Cristo, ¿comprendes?... De todas maneras nos sentíamos bastante miserables, y al principio, reácios a devorar la carne cruda de nuestros amigos.

¿Cómo os rescataron?

Porque tres de nosotros decidimos salir de allí con provisiones para pedir ayuda. Habíamos sufrido una avalancha que mató a 8 de nosotros. Hubo un superviviente que escarbó hacia la superficie con las manos. Los tres expedicionarios éramos Nando Parrado, Antonio "Tintín" Vizintín y yo. Al cabo de dos días pensamos que la civilización estaba más lejos de lo que realmente estaba y enviamos a Tintín, que estaba herido, de vuelta, pero al cabo de seis días encontramos agua en estado líquido e hierba. !Nos habíamos salvado! 


Nota:

De los 45 viajeros y tripulantes de ese vuelo, murieron 26 personas. La película VIVEN contó con el asesoramiento de Fernando Parrado (Nando). Dice que las condiciones en el avión estrellado eran tan terribles que se tuvo que suavizar el tono de la película e inventar acontecimientos. "Algunas historias no están destinadas a contarse cual fueron, porque la gente no las aceptaría. En todo caso naie quiso nunca rodar una película de terror sobre esto, sino de supervivencia y esperanza".

Para ver:
El trailer de VIVEN:

 


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