jueves, 12 de mayo de 2016

La vida secreta de las palabras. (2005)

"Nunca crei que te vería remendando mis heridas con jirones de tu piel"


Hannah Amiran (interpretado por Sarah Polley) es una trabajadora fabril hipoacúsica que se gana la vida embalando rollos de papel de celulosa. Al principio de la película vemos que es una muchacha solitaria y extraña. ¿Por qué? El problema con las personas solitarias y extrañas es que no lloran, y si lo hacen, es por qué han construido tal muralla en torno a sus sentimientos que cada lágrima debe demostrar que lo ha sido antes de desaparecer.
Cuando el jefe de su empresa la presiona para que acepte unas vacaciones esta decide aceptar la tarea de cuidar a Josef (Tim Robbins), un perforador que se ha roto las dos piernas y se ha quedado temporalmente ciego. Es la única mujer en una torre petrolífera. Al principio Hannah trata de levantar su muralla de toda la vida en torno a su dolor diciendo al enfermo que es pelirroja - cuando sus cabellos tienen un delicioso color dorado- y que se llama Cora.
Poco a poco, el dolor compartido, las confidencias, el humor, nos llevarán a unos espantosos recuerdos sobre el papel de las mujeres en la Guerra de los Balcanes, que Hannah no consigue dejar atrás. ¿Podrá la sabiduría del dolor de cada uno curar las heridas del otro, aunque tengan que emplear para ello partes importantes del alma?

Nota:

Leí algo muy parecido de lo que se hizo una película más elaborada. El Paciente Inglés. No sé si Isabel Coixet la ha leído, pero va de lo que las personas amadas se llevan de nosotros mismos cuando mueren, especialmente de forma traumática. Y del modo en que los supervivientes se preservan para que no les quiten los despojos que les quedan, esos despojos que odian porque duelen, porque se sienten culpables de que existan, pero a los que no pueden renunciar. Porque nadie renuncia a sí mismo en esta cruel guerra de sentimientos.

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