sábado, 24 de diciembre de 2016

¿Puede un hacker sabotear la democracia?

Los "hackers" ya están alterando las campañas electorales. El objetivo es no darle la vuelta a las votaciones. Le basta con socavar la fe en los resultados. Y los piratas rusos, auspiciados por Putin, no son los únicos interesados en desestabilizar el sistema.

Samir Kapuria, director de seguridad de Symantec, ha hechio un experimento para demostrar cómo se podría en un futuro pavorosamente cercano sabotear las elecciones norteamericanas.
Sus investigadores adquirieron una máquina de contar votos electrónica de las que se emplean en 40 estados. No tuvo que recurrir al mercado negro ni a oscuros intermediarios. Las contadoras electrónicas están disponibles en Internet. Kapuria dice que la tecnología de estas máquinas está tan obsoleta como la de los videojuegos Arcade de los 80.
Hicieron experimentos para manipularla. Ni siquiera hacía falta un hacker. Un novato ayudado por tutoriales puede engañar a esta contadora haciendo que una persona vote unas cuantas veces desee reseteando el chip de su documento de seguridad. O pirateando los resultados antes de que se envíen a la central de recuentos, pues los datops no están encriptados.
Andrew Apple es un profesor de Princeton interesado en saber si las contadoras de votos pueden ser hackeadas. Pueden. Solo se tarda unos siete minutos. Una buena noticia: la simplicidad de la tecnología empleada juega a su favor. Las máquinas no están conectadas a Internet donde podría sabotearlas cualquier extremista. Y están precintadas. Es decir que el FBI sabe que para hacer un pucherazo en los Estados Unidos el encargado de las contadoras debe mirar a otro lado mientras los hackers perversos rompen el precinto. Ni siquiera hace falta que intervenga la NSA.
La mala noticia es que ni siquiera hace falta tomárselo en serio lo de sabotear las elecciones. Con sembrar el caos, hacer que el ciudadano de a pie se sienta inseguro de si está  votando en una democracia o no, o de quién tiene realmente el poder en su país, el daño ya está  hecho.

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