martes, 31 de enero de 2017

Visitamos el Museo de Antropología Forense de Madrid.

En este museo se muestran desde instrumentos de tortura como el "aplastacabezas" hasta cabezas que fueron decapitadas,pasando por escapulas y cráneos con evidencias de haber sido trepanados.
"Tenemos más de 600 cráneos procedentes de toda España", me explica José Antonio Sánchez, el director del museo, mientras intento no fijarme demasiado en lo que hay alrededor. "Dos alumnos míos han hecho un tesis doctoral sobre antropología con estos cráneos para tratar de averiguar si hay diferencias osteológicas entre las piezas procedentes de diferentes regiones". La mayoría de los huesos son recogidos de las "mondas", las limpiezas de los osarios del siglo XVI al XIX.
Una de las piezas más escalofriantes de la colección es un feto de ocho meses conservado en formol. Aús se pueden ver con total nitidez la placenta y el cordón umbilical. "Mire esto, el formol se estaba secando, así que un auxiliar mío hizo un relleno sintético y llenó el recipiente en la disolución en que se conserva. Ahora sí que está bien sellado, je, je...".
Entre los instrumentos de tortura veo el garrote vil con el que se estranguló a Jarabo en 1959, José María Jarabo era un señorito crápula, de una familia de diplomáticos. Vivía por encima de sus posibilidades y las relaciones con la familia eran malas. José María Jarabo, también conocido en los ambientes golfos de la capital como "El Morris" recibió una carta de una antigua amante inglesa, Beryl, que le reclamaba una joya. Era una mujer casada y la ausencia de la joya empezaba a hacer sospechar al marido. En circunstancias normales a Morris no le hubiera importado abandonarla a su destino. Solía maltratar a sus compañeras de cama durante los juegos sexuales, y les sacaba todo el dinero que podía. El caso es que esta vez, quizá cansado de la vida, mató a dos prestamistas, una criada y la esposa de uno de ellos.
Tras la sangría llevó el traje ensangrentado a un lavandero que lo denunció. Durante el entierro hubo una escena lamentable, pero muy propia de la España franquista. Uno de los reporteros dudaba que las autoridades se hubieran atrevido a  ajusticiar a un niño pera, así que el oficial de la Guardia Civil ordenó a sus hombres abrir el ataúd, cogió del cuello al periodista y le dijo: " ¿Es o no es Jarabo, rojo de mierda?"
"Jarabo era todo un caballero español. Antes de ir al encuentro del garrote vil escuchó misa, comulgó y se puso sus dientes de oro. Sucedió en 1959", esplica un guía."Tenía un cuello muy grueso. El verdugo tardó 25 minutos en quebrarlo. Una muerte espeluznante, pero a la altura de lo que había sido su vida"
El "aplastacabezas" es un instrumento de tortura que hacía papilla el cráneo. "Hasta que protestaron los ilustrados del siglo XVIII la culpabilidad de un reo se basaba en las confesiones, no en las pruebas. Hasta 1975, en la Dirección de Seguridad franquista era habitual la tortura. Se creía que el acusado se había alejado de los derechos humanos al no seguir las normas impuestas por el sistema. Uno era malo a su pesar y bajo su responsabilidad", me explica el guía.
El Museo se llama Museo de Antropología, Paleopatología y Criminalística Profesor Reverte Coma. Este hombre era un antropólogo que recorrió America y estudió las tribus de Panamá.

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