jueves, 2 de febrero de 2017

Adriano, emperador de Roma

La verdad es que todo lo que nos ha llegado acerca de los gobernantes del Imperio romano nos ha llegado deformado. Las crónicas ensalzan a Adriano como un emperador que mantuvo la pax romana a toda costa, renunció a la defensa de Armenia, restableciendo la frontera oriental en el Eúfrates, y levanto el Muro de Adriano, una red de empalizadas y torres de defensas en Britania, que se extendían desde el Tyne hasta el Solway.
El Imperio había llegado a su máxima extensión con Trajano, pero los gastos derivados de mantener guarniciones militares en zonas apartadas era prohibitivo, pero todavía lejos de la sangría económica del Bajo Imperio Romano. Evitó una escalada de tensiones con la otra potencia de Oriente Medio, el imperio parto, con una mezcla de diplomacia y mano dura contra los levantiscos. Por desgracia, no pudo evitar la rebelión judía.
Uno de los aspirantes a Mesías que aparecían por Judea de tanto en tanto, Bar Kohbá, había organizado una revuelta de zelotes. La excusa fue una provocación, no se sabe muy bien si deliberada o no. Tito había destruido Jerusalén en 70 y se había llevado el Arca de la Alianza y el tesoro del Templo de Salomón. La buena noticia: Adriano había mandado reconstruir la ciudad bajo el nombre de Aelia Capitolina. La mala: estaba levantando dentro de su perímetro templos dedicados a divinidades paganas. Peor todavía: había prohíbido la celebración del Shabbatt.
Bar Kohbá fue barrido de las ciudades de la región por tres legiones y acorralado en las montañas. Los supervivientes fueron vendidos como esclavos. Moraleja: la disensión no se tolera en el Imperio, ni por cuestiones religiosas ni por otras razones.
De este reinado son las tablillas de Vindolanda, una puerta para saber como era la vida en un campamento militar en Britania durante el siglo II. Los legionarios se alegran de recibir noticias y paquetes de casa, con calcetines, ropa interior ( inducta) y útiles de pesca. Se quejan del frío de la frontera norte del Imperio.
Los oficiales están preocupados por las incursiones de los merodeadores pictos. La superioridad de su caballería les tiene especialmente escamados.
Las esposas de los legados y los centuriones se invitan a fiestas y cumpleaños modestos, y hablan de la estabilidad de sus relaciones a millas de lo que ellas consideran la civilización. Ninguna se queja de estar en un campamento militar en Britania.
También es conocida la afición de Adriano por todo lo griego. Según Marguerite Yourcenar, autora de MEMORIAS DE ADRIANO, este emperador estaba hecho todo un esteta. Quizá lo fuera por cálculo político, porque el poder estaba gravitando desde Roma a las ciudades griegas. El griego se estaba convirtiendo en el idioma de la administración. Se dejó barba, algo que no era habitual entre los patricios romanos pero sí entre los mercaderes griegos, y aceptó el título de arconte honorífico de Atenas, cosa que sus antecesores habían rechazado.
Levantó edificios todas por las ciudades que visitó. El actual Castello de Sant Angello fue construido originalmente como mausoleo conmemorativo de los restos del emperador Adriano.
También es conocida su afición a los efebos, especialmente el famoso Antinoo, un adolescente de Bitinia, en la actual Turquía, divinizado por él. Como entramos en el terreno de la religión pagana, apenas sabemos mucho de Antinoo. Los escritos religiosos dice que se interpuso entre el emperador y un león durante una cacería, y de la sangre que se derramó sobre la arena tras un zarpazo, surgieron flores rojas.
Lo que sí sabemos es que se ahogó entre los 15 y los 20 años en el Nilo. Oficialmente lo hizo porque había escuchado su sacrificio que alargaría la maltrecha vida del emperador Adriano. Otros dicen que Vibia Sabina, la esposa de Adriano, se sentía ultrajada por la relación entre su marido y el muchacho, y decidió matarlo antes de que Antinoo empezara a ser un cauce de comunicación entre los senadores y el emperador. También es posible que a los 20 años el muchacho ya empezase a parecerse demasiado en lo fisico a un adulto, y se matara porque no quería aceptar que la relación entre Adriano y él podía llegar a su fin.

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