lunes, 27 de febrero de 2017

Apocalipse Now, de Francis Ford Coppola. (1979)

La verdad es que las películas acerca de la Guerra de Vietnam nunca me han llamado la atención. Después de ver el planteamiento de videojuegos de la saga RAMBO, creía que todo trataría de machitos superhormonados, que van a la guerra para sacar la mala leche fuera, porque en los Estados Unidos no podían hacerlo.
APOCALIPSE NOW está basada en una novela de Joseph Conrad ambientada en el infierno del Congo Belga bajo el control de Leopoldo II. También podrían haberlo ambientado en la selva amazónica del auge cauchero de 1900. Pero ninguna de las dos experiencias es estadounidense, así que se optó por trasladar el conflicto a la Guerra de Vietnam.
Willard ( un jovencísimo Charlie Sheen) ,un capitán de Operaciones Especiales tiene que ir en una lancha patrullera de la Marina rió Nang arriba hasta adentrarse en Camboya. Allí Kurtz (Marlon Brando) , un general rebelde se ha vuelto loco y masacra a todo el mundo. Willard, el protagonista, acepta la misión de matarle.
A lo largo de la película, que funcionaría tan bien como película bélica como de terror, Willard se pregunta qué hace diferente a Kurtz de él mismo. Los dos tienen una carrera brillante en el ejército, los dos han ido por exigencias de los mandos más allá del nivel permitido de saturación de violencia. ¿Qué hace diferente a Kurtz, por ejemplo, de Killgore, un coronel de Fuerzas Aerotransportadas, que decide arrasar una aldea solo para obligar a algunos de sus hombres a practicar surf bajo las explosiones de la artillería? Con lo que comienza la ruptura de la realidad que destaca cualquier película de terror de la época.
Río arriba vemos a hombres abandonados a sus instintos. Se sienten abandonados por sus mandos, presumiblemente muertos o enfrascados en otros asuntos. Luchan como robots, se cosifican a sí mismos y a las chicas de Playboy que deben distraerles. Es un paso más en la derrota de la civilización.
Luego la civilización contraataca con la aparición de un grupo de hacendados franceses, ya en Camboya. Aparecen las discusiones políticas, la idea de ser una avanzadilla de resistencia contra lo salvaje. Y el amor. No el amor animal, del que son víctimas las conejitas de Playboy, sino el amor civilizador.
Y por último está Kurtz. El oficial ha perdido la batalla contra el instinto de barbarie. Ha luchado y no ha sido escuchado, por lo que asume que debe sobrevivir, aliándose contra las fuerzas que combaten la delgadísima capa de la civilización. Actúa más como un reyezuelo cruel que como el oficial condecoradísimo del siglo XX que realmente es. Quiere volver a ser civilizado, pero las leyes de la guerra lo han deshumanizado tanto que ya no sabe si realmente él mismo es creíble en ese mundo de normas. En su reino, las cosas son fáciles. Si algo le contraría, lo destruye, y la vida vuelve a sus derroteros "normales". Pero Kurtz sabe que es una aberración. Y sabe que las aberraciones como él deben morir. Por eso recibirá con una mezcla de esperanza y brutalidad a Willard.

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