viernes, 31 de marzo de 2017

La otra cara de sir Isaac Newton.

Es el científico por antonomasia y, sin embargo, era un devoto esotérico y gran aficionado a la alquimia y seguidor del arrianismo. Esas aficiones explicarían su extraña tardanza en publicar sus geniales descubrimientos.

El padre de Isaac Newton falleció antes de que él naciera, el día de Navidad de 1642. Su madre contrajo matrionio de nuevo, y lo envió con sus abuelos maternos. Newton, providencialmente, dejaba atrás un futuro como un pequeño terrateniente rural. Sus abuelos lo trataron con frialdad pero lo compensaron permitiéndole estudiar en Cambridge.
Aunque la Universidad de Cambridge tenía su propio programa de estudios, Newton no se atenía a él. Leía a Descartes, las obras de Galileo y las tablas astronómicas de Kepler.
En Europa era muy conocido lo que le había sucedido a Galileo, que tuvo que retractarse de sus doctrinas científicas basadas en la observación, por un enfrentamiento con el Papa Urbano VIII a causa de su defensa de las teorías copernicanas. Newton era arriano, es decir, que no creía en la Santísima Trinidad, por lo que sabía que su vida y su carrera estarían en peligro si hablaba de más. Quizá por esa razón tardó más de 20 años en publicar su trabajo sobre las leyes de la gravitación 
universal.
También fue durante sus años de formación cuando completó sus estudios sobre el cálculo infinitesimal. Al poco de licenciarse un brote de peste hizo que Cambridge cerrara sus puertas y devolviera a los alumnos a sus hogares. Newton huyó al campo, en Lincolnshire, donde permaneció hasta 1666. Fue allí, cuando observó la caida desde la rama de una manzana y se preguntó si las leyes de la gravedad serían universales.
¿Por qué tardó mas de veinte años en publicar su mejor fruto científico? "Quizá por nula cualidad para relacionarse. Newton tuvo sonados encontronazos con los físicos de su época como Leibnitz, Flamstead o Hooke. Se mantuvo alejado de las mujeres y era áspero en el trato. Los escasos amigos que tenía tenían que presionarle para que publicara", explicaba John Maynard Keynes en la biografía más completa sobre el genial científico.
Otra explicación sobre su tardanza en publicar sus trabajos de física era su interés por la alquimia y el esoterismo. Tomemos un ejemplo: en 1667, los rectores del Trinity Collegue lo quieren nombrar miembro del Consejo de Gobierno, pero Newton escribe una carta al rey Carlos II de Inglaterra para que le dispense de hacer el juramento oficial, que se trata de un acatamiento del dogma de la Trinidad. No quiere desairar a los rectores de la Institución pero tampoco quiere que sea del dominio publico, en una Europa en que los rescoldos de las guerras de religión no se han apagado del todo, que es arriano.

En 1872 un descendiente - no directo, porque no tuvo hijos- regaló a la Universidad de Cambridge una serie de documentos de puño y letra de Isaac Newton. La Universidad se quedó los de cálculos y devolvió los de temática esotérica. Todavía importaba - y mucho- que la gente conociera el interés del padre de la física moderna por la alquimia y les ciencias herméticas.

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