domingo, 12 de marzo de 2017

Los niños del gulag.

En la ciudad de Karaganda, en Kazajistán, estuvo una de las mayores colonias penitenciarias soviéticas, entre los años 30 y 1958. Muchos niños naieron allí y padecieron el horror. Estos son los testimonios de los que sobrevivieron al gulag, el relato de un infierno al que no escapaban ni los bebés.

Adaptación de un artículo de Marc Gonin.

A los 6 años uno normalmente piensa en jugar en el recreo, en la legada inminente del hermanito y en aprender. No se preocupa por el guardia, si le pegará esta vez por una falta real o imaginaria, por las raciones o por quién será el siguiente miembro de la familia que morirá de agotamiento o desnutrición. Unos de los niños de este reportaje cometieron el pecado de nacer en los campos, otros fueron enviados con sus padres porque estos criticaron el sistema comunista o eran de étnias que en ese momento histórico resultaban molestas al padrecito Stalin. Hay un caso de una niña nacida de una violación a una prisionera de trabajos forzados.
Karaganda era una cuenca minera donde se extraía hulla y cobre. Los mineros, trabajadores de la construcción y empleadas en las granjas comunales eran zeks ( en el argot soviético, reos). En los años 30 llegaron los intelectuales. Stalin tená que bajarlos de su "pedestal" y humillarlos. En los años 40 llegron los prisioneros de étnias que, por cuestiones políticas y sociales, podrían ver a los invasores nazis como liberadores, como los chechenos y los ingusetios.
Stalin falleció, abandonado por sus colaboradores, en 1953. el sistema de campos de Karlag dejó de funcionar en 1958. Estas ersonas nos invitaron al palacete de su memoria, donde habitualmente solo suelen vivir los fantasmas de aquellos que no lo lograron.

PAVLINA PETROVA.

1954."Si no te quieres acostar conmigo, haré que te violen diez de mis hombres", le amenazó el jefe de su subcampo de trabajos forzados. El tipo hacía dar arcadas a Pavlina, y lo que es peor le dejó embarazada. Amamantar un bebé durante los primero nueve meses apenas mejoraba el reparto de las raciones: 200 gramos de pan, 400 de leche y 60 gramos de carne diario. Tras los nueve meses reglamentarios, las guardianas lea convencieron de que entregase el bebé a una inclusería. Lo recuperó en 1956 el ser liberada. Actualmente, como muchos niños criados por el Estado Soviético, el hijo de Pavlina es militar.

MOTZOLGOV MAKHASARIV.

Su vida, como la de centenares de chechenos e ingusetios, cambió a peor el 23 de febrero de 1944. Los soldados irrumpieron en la granja familiar y les dijeron que tenían tres horas para hacer las maletas. El viaje hasta Karaganda duró un mes, de pie en n tren de ganado, con un cubo de gachas diario para todo el vagón. Para alojar a su familia los miembros masculinos adultos de la familia construyeron una casa de adobe de un metro de profundidad y de un metro de alura, una zeimjanja. "Ocultábamos trigo caído de las carretas bajo un montón de heno. Mi madre fabricaba un poco de harina moliéndolo con piedras" Cuando las autoridades de su unidad de trabajos forzados descbrieron el latrocinio, capturaron al padre de Mitzolgov y lo llevaron a un Campo de Disciplina, de donde no regresó. Por supuesto, los robos de trigo continuaron. Sí no, los Makhasariv se habrían muerto de hambre.

IVAN KARPINSKI.

1954. En este caso no estamos hablando de las experiencias de un niño sino de un adulto joven. Karpinski estuvo presente en la revuleta del Campo de Disciplina de Kengir. Los zeks se relevaron ante las condiciones del campo y mantuvieron su actitud durante 40 días. Lo que les costó a las autoridades soviéticas postestalinistas enviar una unidad de tanques y arrollar a las mijeres y ametrallar a los hombres. Los informes oficiales hablan de 37 muertos. Karpinski, que estaba en un puesto de guardia, habla de 600 bajas innecesarias, porque no hubo provocación violenta en ningún momento, solo deseos de negociar. Aús llora cuando recuerda la carga de los blindados.

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