jueves, 29 de junio de 2017

El heroíco patriarca de la familia Dumas.

Un personaje de carne y hueso inspiró las heroícas historias de Alejandro Dumas, como EL CONDE DE MONTECRISTO o LOS TRES MOSQUETEROS: su padre, el primer general negro de Francia

Cuenta la leyenda que cuando el señor Alejandro Dumas abuelo falleció se vio a su hijo coger una escopeta de caza y subir decidido escaleras arriba. Los familiares, alarmados, le detuvieron y le preguntaron:"¿Adónde se supone que vas?". El niño dijo:"Voy a matar a Dios en el cielo por haberse llevado a mi padre".
El niño había visto a un padre enfermo y avejentado durante los escasos cuatro años que duró su relación, pero recordó el titán de las hazañas militares en las campañas napoleónicas de Italia y Egipto.

Alejandro Dumas I, el militar era hijo de un noble descerebrado del siglo XVIII, Alexandre Davy de la Pailleterie y de una esclava negra, la señorita Dumas. El bisabuelo contrajo demasiadas deudas y tuvo que vender a un Alejandro adolescente para poder pagarlas y regresar a Francia desde Santo Domingo. Ya en Francia reunió el dinero para manumitir a su hijo y hacerle venir a la metrópoli.
Las relaciones entre padre e hijo o son buenas cuando estalla la Revolución Francesa. Alejandro reniego de su condición de aristócrata y se alista en el ejército como soldado raso.
En las agitadas calles del París revolucionario tuvo que proteger a una jovencita de los excesos de unos sansculottes, exaltados y, seguramente, bebidos. Alejandro la protegió y la acompañó a su casa. Sería un asiduo de las atenciones de Marie Louse Labourier, pero su padre exigió galones de suboficial para permitir la relación. "Vuelve cuando seas sargento", le espetó.
Lo que no sabe Labourier padre es que su yerno - porque lo quiera o no va a ser su yerno- está hecho a la medida de la carrera militar y que a los 31 años ya es el primer general negro de Francia.
En la campaña italiana de Napoleón contra los austriacos impidió él sólo con su sable que cruzaran un puente los enemigos. "En justicia, capturó, como segunda hazaña, una batería de cañones más inaccesible que los cañones de Navarone", nos cuenta Tom Reiss, el biógrafo de este personaje. El general Dumas la sometió, hizo 1700 prisioneros y conquistó el monte Cenis, la llave de los Alpes. Los austriacos lo llamaban El Diablo Negro.

Cuando empezó la campaña de Egipto en 1798 empezaron también las discusiones de Napoleón. Los fellahs egipcios ven al corpulento Dumas pasar por delante de sus tierras en un corcel de batalla y creen que es el propio Bonaparte, lo que molesta al auténtico, y mucho. Dumas frena en lo posible los abusos de la soldadesca sobre la población civil, denuncia generales corruptos o cobardes y cuestiona al propio Bonaparte con esas palabras: "Si se tratase de la gloria y el honor de Francia daría la vuelta al mundo pero, si considerase que es un capricho de usted, me detendría ante el primer paso".
Dumas abuelo es enviado a Nápoles, una potencia mediterranea enemiga de la Francia revolucionaria y pertidaria de Austria y los austriacos lo encarcelan. Pasa en prisión dos años, donde se desmejora e intentan envenenarle. Vuelve a casa gracias a un rutinario canje de prisioneros. Engendra a su hijo, el futuro escritor. Y muere.

LA HUELLA DEL PADRE EN LA OBRA DE ALEJANDRO DUMAS.

El conde de Montecristo.

Dumas padre sacó esta historia del Archivo de París. Una de las actas hablaba de la ejecución de un hombre que había sido encarcelado durante siete años por amigos envidiosos. A su salida de prisión los había matado uno tras otro a sangre fría.
Dumás se acordó del presidio de su padre en Nápoles.

DÁrtagnam:

Dumas abuelo concertó tres duelos en un día y los ganó a sable. Del mismo modo D´Artagnan se reta con Porthos, Athos y Aramis el mismo día. No hay duelo, porque interrumpe la sesión Jussac, el cabecilla de la Guardia del Cardenal Richelieu.

Georges:

Georges es un mulato que regresa a Santo Domingo para vengarse de una afrenta racial. Gran espadachín, protector de las damas, se convierte en el líder de una revuelta de esclavos y es enviado al patíbulo. Como todo héroe de folletín decimonónico. es salvado in extremis.

PARA LEER:
The Black Count; Tom Reiss.

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