miércoles, 5 de julio de 2017

Eduardo VII; ¿Puede ser un rey juerguista un buen monarca?

El rey Eduardo VII y su esposa Alejandra
La reina Victoria tuvo muchas frustraciones en vida y una de las más importantes fue el carácter de su hijo Eduardo. El principito nunca llegó a interesarse por los estudios. De hecho se fugó de un internado en la Universidad de Cambridge. Amaba la caza,los viajes, las fiestas y las mujeres hermosas. Su madre aprovechó la única baza que el príncipe Eduardo aportaba al Gobierno del Imperio Bratánico. Era muy simpático y le gustaba viajar. De hecho tenía una gran curiosidad por todo, una vez que lo tenía ante sus ojos. A los 20 años ya conocía Francia, España. Italia, Canadá - ciaje que se prolongó de incógnito por los Estados Unidos-, Egipto y Palestina.
En 1863 Eduardo contrae matrimonio con la princesa Alejandra de Dinamarca, pero en lo substancial, sus hábitos no cambian demasiado. Eduardo y su esposa se establecen en el Palacio de Sandringham y se dedican al mecenazgo de escritores, pintores, músicos y otros artistas. Invita a los aparceros de sus fincas a las cacerías reales, lo que provocó más de un comentario ácido entre la nobleza.
Esto mejoró notablemente la imagen de la monarquía y la acercó al pueblo, algo que la austera y enlutada reina Victoria, viuda del príncipe Alberto, no podía conseguir ya. Eduardo está presente en un viaje diplomático a La India y en el Jubileo de su madre (1889). 
Cuando es coronado monarca inglés de 1901 a 1910, es uno de los pocos monarcas que apuestan por la paz. Pero ello pasa por debilitar a Alemania, por lo que triplica el tonelaje de sus acorazados, los equipa con 10 cañones, sustituye las calderas de carbón por depósitos de gasolina y aumenta la flota de acorazados de 37 a 56.

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