martes, 18 de julio de 2017

El último samurai, de Edward Zwick

Nathan Algren (Tom Cruise) es un veterano de las campañas contra los indios en plena decadencia. Debe ser uno de los escasos oficiales norteamericanos que ven en estas campañas una forma de exterminio, y se consuela con el alcohol. Uno de sus antiguos oficiales le propone combatir como mercenario en las guerras contra los samurais rebeldes.
Una vez en Japón a Algren le choca el contraste entre la modernidad y las más rancias tradiciones. Debe entrenar en el uso de los fusiles Enfield al Ejército del emperador Meiji y dirigir a  los bisoños reclutas en combate.
El primer cobate contra los samurais de Katsumoto Mitsugiro (Ken Watanabe) termina en un desastre. Un samurai subalterno va a cortar la cabeza de Algren cuando Katsumoto decide llevarlo como rehén. Quiere aprender lo que sus nuevos enemigos puedan enseñarle sobre táctica militar, armamento y constumbres occidentales.
Del desprecio mutuo, porque Katsumoto, al fin y al cabo es un enemigo, Algren pasa al respeto por las tradiciones y valores de la casta guerrera. Incluso  ocupa el lugar como padre de familia de un samurai muerto a sus manos, durante el intento de decapitación, sin que la esposa del finado, Haka (la actriz japonesa Kokuyi) tenga nada que objetar al respecto.
La pelicula está basada libremente en la rebelión de Satsuma de 1876, cuando un grupo de samurais vestidos con armaduras lacadas y equipados con naginatas y espadas tradicionales fueron derrotados por unas fuerzas equipadas a la europea con ametralladoras Gatling y cañones. Algren sobrevive a ese enfrentamiento. y le presenta sus respetos al Emperador Meiji.
La figura de Algren está basada libremente en la francés Jules Brunet, un veterano de la guerra de Maximiliano de Habsburgo contra el presidente mexicano Benito Juárez. En 1869 lo encontramos apoyando con otros cuatro oficiales franceses de artillería al shogun Yoshinobu Tokugawa. Brunet le consiguió la victoria repetidas veces como a defensa de Ezo de 1869 donde los cinco oficiales franceses y 3000 samurais resistieron el asalto de 10.000 soldados del Emperador equipados con fusiles Enfield.
Brunet regresó a Francia, hizo frente a un consejo de guerra, lo cual no fue óbice para que su carrera militar continuase en ascenso.

Algunos samurais colaboraron con el nuevo Gobierno, como Shibusawa Eichii, que fundó el Banco Nacional en 1882. Otros, como Saigo Takamori, se sintieron insultados por un emperador que quería tomar las riendas de los asuntos de Estado, dejando a su casta guerrera a un lado, y se rebelaron en 1877. Katsumoto está inspirado libremente en Takamori.. La obligación de devolver las tierras feudales al Estado a cambio de pagarés bancarios y la prohibición de portar las dos espadas tradicionales dividieron a los clanes, entre los que aceptaron los cambios y los que no lo hicieron en absoluto.
La influencia de los samurais no ha desaparecido de Japón ya que ocupan el 21 por ciento en los puestos directivos en las principales empresas. Se ensalza el bushido, el código de honor del guerrero, que exige honradez, valentía, honor, lealtad y autocontrol, no solo por parte de los Shachos, los directivos de las empresas y sus comités de accionistas, sino por parte de toda la sociedad nipona. Todavía resuenan ecos del levantamiento de Satsuma en el suicidio ritual del escritor Yukio Mishima, tan tarde como en 1970, cuando quiso que el ejército derrocase al emperador Hirohito y devolviera a la más rancia tradición al país. O en las cartas de despedida de los jóvenes que volaban en los aviones kamikazes para estrellarlos, más allá de la cortina de fuego antiaéreo norteamericana, contra las cubiertas de los barcos enemigos durante la Segunda Guerra Mundial.

PARA VER:
Katsumoto le habla a Algren del Bushido.
https://www.youtube.com/watch?v=hmz9zxVC4-c

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