jueves, 13 de julio de 2017

Las Cruzadas.

Hace 900 años, los reinos europeos lanzaron contra el mundo musulmán toda su maquinaria de guerra. Su objetivo: recuperar los Lugares Sagrados. Dos siglos de luchas en nombre de Dios y cientos de muertos abrieron una herida entre las dos civilizaciones.

Las Cruzadas fueron el fenómeno internacional que marcó la agenda política, económica y social en los siglos XI  y XII. Todo comenzó el 26 de noviembre de 1095, cuando el Papa Urbano II convocó un Concilio Eclesiástico en Clermond Ferrand. Ante los fieles presentes en las iglesias de la ciudad el jefe de la Iglesia exhortó a los fieles a auxiliar al basileus de Constantinopla, Alejo Commeno, amenazado por los turcos seljucidas y a recuperar Tierra Santa para la Cristiandad.
La multitud respondió con entusiasmo, a la consigna de "!Deux ex volt", esto es, "!Dios lo quiere!". Se organizaron dos expediciones de los pobres, a las que se apuntaron braceros desesperados dirigidos por el monje francés Pedro el Ermitaño y el aristócrata arruinado Gualterio sin Bienes. Ambas dejaron a su paso por Europa un reguero de cadáveres, porque los siervos exonerados de sus obligaciones saqueaban los burgos más grandes que el suyo, creyendo que se trataba de Jerusalén. Alejo se apresuró a dejarlos pasar. Las tropas, mal disciplinadas y peor avitualladas no pudieron soportar el empuje de los turcos en Nicea. Hombres, mujeres y niños fueron masacrados.
Se organizó una expedición nobiliaria con nobles ansiosos de tierras propias, aventuras y reconocimiento dirigida por Godofredo de Bouillon, Roberto de Normandía, Roberto de Flandes, Raimundo de Tolouse, y Bohemundo de Tarento. La Cruzada de los Príncipes se detiene ante las murallas de Jerusalén y la pasan a sangre y a fuego el 15 de julio de 1099. Como la ciudad ha opuesto resistencia durante cinco meses, cuando las tropas cruzadas logran abrir una brecha en las murallas y derrotan a los defensores, pasan a cuchillo a toda la población.
Cuando el emir Imaddedin Zenkis reconquista el condado de Edesa, se convoca la Segunda Cruzada (1147-1149), dirigida por el emperador germano Conrado III, Luis VII de Francia y su mujer, Leonor de Aquitania.
Como anécdota de esta cruzada diré que Leonor de Aquitania hizo cabalgar a las damas de su séquito con un pecho desnudo, para recordar la fiereza de las amazonas de las leyendas grecolatinas, lo que la llevó de cabeza a una discusión con su primer marido, Luis VII.
Cuando Saladino reunifica los reinos musulmanes bajo un solo mando militar y toma Jerusalén en 1187 de manos de Valian de Ibelim, lo único que puede hacer la Cristiandad es convocar la Tercera Cruzada, a la que se apuntan reyes como Federico I Barbarroja, Ricardo Corazón de León y el rey de Francia, Felipe Augusto.
A pesar de victorias cristianas como la de Arsuf, Ricardo no puede asediar Jerusalén porque comprende que sus líneas de abastecimiento son inestables. Negocia una tregua cristiana a cambio del territorio de va de Tiro a Jaffa y asedia Acre en 1192.
En 2012, en la ciudad de Colonia un pastorcillo entrega una carta al emperador del Sacro Imperio Germánico donde afirma que los niños triunfarán con su inocencia allá donde los caballeros han fracasado. El monarca recibe al niño Nicolás pero lo devuelve a casa. Pero Nicolás es escuchado por el obispo de Colonia, que entrega a un ejército de 15.000 niños pertrechos.
Se repite el desastre de las cruzadas populares de 1095. Nadie cuida de los niños, los ejércitos infantiles atraen a depredadores y proxenetas adultos y finalmente es el obispo de Génova el que impide embarcar a los niños. Los comerciantes de esclavos querían venderlos en los zocos de Argel.
Menos suerte tuvo una cruzada infantil dirigida por el pastorcillo Estebán. Estos niños sí embarcaron en Marsella y fueron vendidos en Argel.
La Cuarta Cruzada, convocada por el Papa Inocencio III, tomó Zara y arrasó Constantinopla. Los venecianos mostraron su oro a los nobles segundones que la dirigían, y estos cambiaron de objetivo militar, asediaron plazas bizantinas, y erradicaron un peligroso competidor para las potencias marítimas italianas.; La Quinta (1217-1221) es destacable, porque no hubo entrechocar de espadas. El emperador alemán Federico III negoció con el sultán Al-Kamil la restitución de Jerusalén, cosa a la que los musulmanes accedieron. En 1236, la ciudad Santa se perdió en una acción militar y ya no regresó a manos cristianas.
Una de las consecuencias de las Cruzadas es el desarrollo del comercio marítimo con África y Asia, que hizo posible que llegasen a Europa las mercancías de la Ruta de la Seda. Sin las Cruzadas ni los tíos de Marco Polo, ni él mismo, hubiesen llegado a China.
Otra consecuencia es la aparición de los monjes guerreros de las órdenes de caballería. Los monjes templarios crearon la banca y los monjes hospitalarios trajeron a Europa las técnicas de operación quirúrgica de los árabes. Los europeos por primera vez leían tratados de medicina de Avicena sobre como curar y operar los ojos y el pensamiento de Averroes. También se recuperaron muchos escritos clásicos que se creían perdidos.
Como los caballeros segundones tenían unos ideales por los que morir, y un campo de batalla donde expresar sus ambiciones territoriales, los campesinos roturaron más campos, represaron más ríos y domesticaron Europa Occidental en un panorama de relativa paz.
Por el contrario, los musulmanes vieron truncada una etapa de desarrollo tecnológico y científico. Las Cruzadas les privaron de las fuerzas necesarias para evitar las invasiones de los mongoles en el siglo XIV y de Tamerlán (Timur el Cojo) en el siglo XV. La desaparición de la figura del califa (el líder religioso general) a manos de los mongoles los ha llevado a una crisis de identidad que el jihadismo intenta llenar en el siglo XXI.

Para ver:
Saladino reza en 1187 en la reconquistada mezquita de Al Aqsa. Escena de EL REINO DE LOS CIELOS, de Ridley Scott.
https://www.youtube.com/watch?v=5ON1G4-4csQ

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