miércoles, 4 de abril de 2018

LOVING PABLO, de Fernando León de Aranoa.

Cuenta las crónicas negras de Colombia que en 1983 la presentadora de televisión Virginia Vallejo y el cabecilla del cártel de Medellín, Pablo Escobar, se enamoraron. Ella le entrevistó cuando construía villas miserias para los desfavorecidos de Bogotá con el fin de blanquear el dinero sucio de la exportación de drogas a los Estados Unidos. A cambio del reconocimiento Pablo le dio dinero, yates, relojes Cartier y le mandaba tímidas poesías.

Por medio está la carrera política de Pablo, la muerte a manos de unos sicarios del ministro de Justicia Rodrigo Lara Bonilla, la guerra contra la DEA y finalmente, la lucha contra el cártel de Cali. Los de Cali pasaron de ser colaboradores a rivales.

La relación se terminó en 1988, cuando Virginia descubrió que Pablo Escobar había contratado a etarras para hacer matanzas en los barrios residenciales de Bogotá. Años más tarde, muerto Escobar en 1993, escribió su biografía, accedió a testificar contra él y el ministro de Justicia, Alberto Santofimio, por sus planes de asesinar al candidato a la presidencia Luís Carlos Galán. Sacada de Colombia clandestinamente, Virginia consiguió que a Santofimio le cayera una condena de 24 años.

La antigua periodista recibió asilo en los Estados Unidos en 2010 tras recibir amenazas de muerte. "Me lo dieron por dos motivos. Mis enemigos habían ofrecido 100.000 dólares a cualquier banda que me violase. Y había sufrido un intento de atentado de camino a la Embajada estadounidense, donde me conducían a testificar".

Actualmente Virginia Vallejo está sola y no confía en nadie. Como casi nadie que se relacionara con Pablo Escobar cuando vivía. Cree que el presidente colombiano Juan Manuel Santos y el ex presidente Álvaro Uribe han colocado micrófonos en su casa de los Estados Unidos, por lo que se va a mudar a otro Estado en poco tiempo. Los paparazzis de Univisión la siguen a dónde vaya.

"No me gustan para nada las versiones que muestran de mí el LOVING PABLO y la serie de Netflix NARCOS. Se muestra a Pablo Escobar llorando, y lo cierto es que se enseña a los Escobar a no llorar en público desde pequeños. A mí me interpreta una mulata en la serie de Netflix, y parezco la mala de la función. Me gusta el papel que hace Javier Bardem en la película de León de Aranoa, pero mi abogado me ha dicho que no hable de lo que opino del papel que juega mi personaje en ella".

EL SICARIO.

Popeye era uno de los cuatro sicarios personales de Pablo Escobar que siguen vivos y el único que se atreve a hablar con la prensa.Cometió 257 asesinatos y 250 ataques con bomba. En el momento álgido de la guerra contra el Gobierno y la Policía llegó a ordenar la muerte de más de 540 policías de a pie. "Estábamos en guerra, las villas miseria, donde no había oportunidades, contra los Estados Unidos y el Gobierno ,y nuestras armas eran las balas, las bombas y las drogas, que era lo único que esos niñatos de California y Miami querían de nosotros".

"Pablo era un terrorista, un asesino, un secuestrador, pero era mi amigo. Y él respetaba a los amigos. Por las redes sociales me llegan amenazas de muerte, pero yo les digo: "Hacedlo. Forma parte de mi trabajo, es el precio de sangre".

Actualmente Popeye graba vídeos en You Tube, bebe cervezas y solo sale de su refugio para llevar turistas norteamericanos al antiguo cuartel general de Pablo Escobar, el Hotel Mónaco, donde le llevaban bailarinas de samba directamente desde Río. Donde él y sus compañeros hacían desaparecer cuerpos usando ácido. Donde los prisioneros acababan devorados por cocodrilos.

El periodista le hace ver a Popeye que es como si un comandante de un campo de concentración nazi se ganase la vida, ya en la tercera edad, mostrando las instalaciones de Auschwitz. "Entiéndanlo. Medellín no era nada en el mapa mundial, y Escobar nos dio poder a los que no lo teníamos. Que fuera el poder de matar y amedrentar es lo de menos. De repente, los poderosos tenían miedo de los humildes tanto como los necesitaban para sus vicios".

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