domingo, 22 de abril de 2018

Vida sentimental de los piratas.

Los piratas no eran unos tipos tan insensibles como creíamos. Investigaciones recientes demuestran que fueron maridos cariñosos y atentos padres de familia.

En su carta de despedida, William Morris, condenado por piratería, escribía a su madre. Le pedía que fuera para sus hijos "padre, madre y abuela a un tiempo". Poco después era ahorcado por las autoridades en el Muelle de las Ejecuciones.

Parece insólito esto en la vida de un hombre emrutecido por las duras condiciones de la vida de los marineros de la época de la navegación a vela. Sin embargo, Morris ni siquiera es un caso excepcional.

Edward Low fue conocido, temido y odiado por las autoridades por su tendecia a hacer atrocidades. En cierta ocasión le cortó los labios al capitán de un barco apresado y se los hizo comer a uno de sus marineros.

Pero recapitulemos. Low trabajaba en los astilleros de Boston a principios del siglo XVIII. Estaba casado y tenía dos hijos. Su mujer murió de parto tras intentar dar a luz a su segundo hijo, que tampoco sobrevivió mucho. Esto agrió el carácter de Low, aunque durante los juicios que siguieron a sus captura algunos de los marineros que surcaron los mares con él hablan de un hombre taciturno que se estremecía de dolor cuando recordaba su trgedia personal.

La escritora Daphne Geanocopoulos describe a Low como un hombre tan sensibilizado con la separación de familias que no enrolaba en su tripulación a hombres casados porque no deseaba a sus esposas la viudedaz y el dolor que traía aparejada.

Rebecca Simon, una hisoriadora, también menciona en History Today, una revista, el caso de Walter Kennedy, un pirata condenado a muerte en 1721. Al pie del cadalso, el verdugo le permitió hablar a la multitud, y él empleo esas postreras palabras en alabar a su esposa, que siempre había tratado de mantenerlo alejado del vicio y de los malos ambientes en vano.

Muchos de los piratas que acabaron balanceándose en el cadalso no eran mas que marineros que cuestionaban los aranceles con los que la Corona inglesa grababa los productos que importaban las colonias del Nuevo Mundo. Los colonos de las Trece Colonias solo podían comerciar con la metrópoli, y en unas condiciones desfavorables. Para poder sobrevivir y mantener a sus familias, muchos capitanes se convertían en contrabandistas, que no piratas, aunque los magistrados y los funcionarios del Almirantazgo no quisieran ver diferencia alguna en su represión.

"Los piratas llevaban dinero a sus comunidades y proporcionaban trabajo a los empleados de los astilleros, a los marineros en paro y a los proveedores", dice Daphne Geanocopoulos. Desde luego, nadie los veía en las Trece Colonias ni en las ciudades portuarias de Inglaterra como villanos ávidos de sangre.

Samuel Bellamy era un joven sin oficio ni fortuna que pasaba su tiempo en las tabernas de Cape Cod, al sudoeste de Massachussets.

En una de sus noches de juerga se enamoró perdidamente de la joven Maria Haller. Los padres de la muchacha no dieron consentimiento para la boda con semejante tarambana hasta que hubiese sentado cabeza, así que Bellamy se hizo a la mar. En la primavera de 1716, Bellamy  capturó gran cantidad de barcos, por lo que decidió regresar a Massachussets a bordo del Ouidah Merchant, un barco negrero reconvertido en nave pirata.

En abril de 1717 el Ouidah Merchant se hundió en la costa de Nueva Inglaterra. Sólo sobrevivieron dos marineros y Bellamy no era ninguno de los dos. Mientras tanto Maria Haller había descubierto que había quedado embarazada, había sido repudiada por sus padres y perdido a su hijo por la falta de medios para mantenerlo. Los vecinos de Cape Cod incluso la llegaron a acusar de brujería.

Ademas de esposas y madres, las mujeres de los piratas fueron encubridoras y peristas de las mercancías robadas por sus hombres en alta mar. En 1581, Mary Piers es obligada a comparecer ante el Consejo Real. Mary confeso que su hijo John, le había entregado mercancías de contrabando o robadas en el puerto en mitad de la noche. No obstante, el juicio se centró en el hecho de que Mary, una mujer respetable o que aspiraba a hacerse pasar por tal, estuviese en un lugar tan marcadamente masculino como el puerto a altas horas de la noche. No se la condenó como pirata, pero "se la tachó de mujerzuela lcenciosa".

Todos estamos acostumbrados a leer y ver películas sobre piratas que asaltan galeones de la Carrera de Indias. Es cierto que algunos corsarios lo intentaron, y que el pirata Pyet Heim incluso capturó en 1626 una flota entera. Pero lo cierto es que se centraban en las mercancías mas que en el oro, y que muchas veces sus botines no pasaban de ser ridículos. En la primavera de 1598 es juzgado como pirata el delincuente de poca monta Thomas Billinge. Se había colado en un barco anclado en el puerto y había robado prendas de vestir, entre ellas un pantalón trojo y un sombrero de tela.

Para leer:
THE PIRATE NEXT DOOR: THE UNTOLD HISTORY OF EIGHTEEN CENTURY PIRATES WIVES, FAMILIES AND COMMUNITIES.

Daphne Geanocopoulos.
(Caroline Academy Press)


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