A los niños díscolos se los sometía a violentos procesos de reeducación que incluían la violación. Durante décadas, no se ha sabido nada de los abusos a menores ocurridos en Alemania Oriental hasta 2017.
"Los niños del mañana", decía un letrero de bienvenida en el hogar infantil de Torgau al que llevaron a Corinna. Nada más lejos de la realidad. Nada más llegar la muchacha fue duchada con agua helada y las funcionarias le frotaron la piel hasta hacerle sangre. En Torgau las internas hacían flexiones hasta caer agotadas, comían alimentos en mal estado y las encerraban en celdas de aislamiento "por pensar como capitalistas", pero sin explicarles cómo podía llegar a eso un adolescente de la RDA.. Los educadores con sentimientos humanitarios pedían el traslado y los sádicos se sentían en su salsa y ascendían dentro del organigrama de la institución.
Los abusos sexuales para Corinna empezaron con seguimientos cuando iba al baño. Más tarde los educadores masculinos le enseñaban qué partes del cuerpo había olvidado asear en las duchas. Y una noche le llevaron al despacho del director, un pederasta. "Solo quiero lo mejor para tí", decía mientras le hacia tocamientos.
Y lo más curioso era que Corinna sabía que estaba allí por azar, no porque hubiese hecho algo en especial. Había acudico a un servicio de asesoramiento para adolescentes porque llevaba un tiempo frecuentando malas compañías y tenía miedo de no aprobar el último curso del instituto. Solo tenía 16 años. Pero las autoridades decidieron que su lugar no estaba en el aula sino como asistenta de limpieza y la enviaron a sucesivos campamentos de trabajo, hasta recalar en Torgau.
No solo los funcionarios del centro se turnaban para ofrecer "carne joven" al director con las internas sino que después de los tocamientos o las penetraciones las chicas eran enviadas a celdas de aislamiento para disimular su ausencia de los dormitorios comunales. Solo que todas las chicas lo sabían y rezaban para que no les tocase saciar al monstruo a ellas.
Los investigadores han analizado miles de Páginas del Archivo Federal, de los informes de la STASI, de las acatas de interrogatorio y de los archivos de la RDA. Han salido casos como el de un alto funcionario del Partido Comunista acusado de tocar entre las piernas a una chica en una piscina. Por esa vez salió bien librado, ya que la STASI, dada la posición del acusado, decidió acallar con amenazas a los padres de la chica. Pero tres años más tarde, ante nuevas y más graves denuncias, para salvaguardar el buen nombre del Departamento de Seguridad, al que pertenecía el pederasta, fue apartado de toda responsabilidad y expulsado del Partido.
A Manuela Keilholtz le dijeron sus padres, unos funcionarios del Partido, que los abusos sexuales a menores solo sucedían en la decadente sociedad capitalista. Cuando su hermanastro le penetró por la fuerza tras tratar de consolarla: "No llores, estas cosas también las hacen los padres y las madres" e invitó a su hermano de 9 años a secundarlo, Manuela supo que las violaciones también sucedían en el paraíso socialista. Solo que las autoridades actuaban con la complacencia de ignorarlas por el bien de la propaganda. Estábamos en plena Guerra Fría.
Gerd Keil tenía 11 años cuando un pederasta con galones se fijó en él. Estaba apuntado en una sociedad juvenil llamado el Ferrocarril de los Pioneros, un ferrocarril de vía estrecha que ayudaban a operar los preadolescentes del Partido Comunista. Los abusos continuaron hasta que Keil cumplió los 14 años y fue licenciado del Ferrocarril de los Pioneros.
Gerd Keil encontró apoyo en sus amigos de la Iglesia. Comprobó que no era el unico que se sentía desamparado por la dejadez del Estado con los abusos a menores. De adulto ayudó a esconder a personas que tratabande fugarse a Alemania Federal. Hasta que alguien lo denunció y fue condenado a trabajos forzados en una mina a cielo abierto. Y allí permaneció hasta 1989, año de la caída del Muro de Berlín, de no ser por las gestiones de las autoridadesde la Alemania Federal.
Actualmente Gerd Keil es un hombre profundamente herido. Jamás ha reunido el valor para bajar al sótano de su vivienda para sacar las bicicletas de los dos hijos que tiene. A veces es incapaz de articular palabra, tiene que golpearse con laa mano para re4accionar y seguir conversando.
No hay comentarios:
Publicar un comentario