Son las ocho de la mañana del día 5 de octubre de 1804. Cuatro fragatas españolas navegab frente al cabo Santa María (Portugal) con destino a Cádiz. A borde de la fragata Mercedes hay 300 almas entre los oficiales, los marineros de a pie y los comerciantes y sus familias.
Una de las gragatas de la flota hace señal de cuatro velas para avisar al navío insignia de la aparición de cuatro fragatas inglesas. España es un país neutral dentro del escenario político y militar de las hostilidades entre Gran Bretaña y la Francia de Bonaparte, pero el jefe de la escuadra, José Bustamante, que viaja a bordo de la fragata Medea, no se fía y ordena zafarrancho de combate.
Los navíos de la Armada Inglesa se acercan por barlovento y se aqbarloan a 50 metros de los españoles. El comodoro Moore envía a un oficial a la Medea para informar a Bustamante que tiene la intención de apresar los buques y llevarlos a Gran Bretaña en una injiustificada acción de corso.
Los artilleros ingleses son muy superiores en número de cañones y ritmo de recarga - tres anadanadas inglesas contra el casco por dos de las españolas, pero Bustamante ordena devolver el fuego. Uno de los primeros cañonazos alcanza al Nuestra Señora de las Mercedes en el polvorín, que salta en pedazos y va a pique con 240 cadáveres y una fortina en caudales y mercancías de las Indias. España perdió ese combate naval pero no el propagandístico ya que los periódicos ingleses llamaron piratas a los oficiales que habían tomado parte en esa acción.
La Corona española era dueña de la fragata y de una ñparte de la carga valorada en unos 250.000 pesos. Los 700.000 pesos restant4es eran propiedad de hombres de negocios particulares. Este ataque tuvo consecuencias diplomáticas y militares ya que afianzó los lazos de España con Francia - lo lamentaríamos con la invaqsión de 1808 por parte de los franceses y por la pérdida de nuestra flota de guerra en octubre de 1805 a consecuencia de esta alianza-.
El botín apresado por la escuadra de Moore asciende a cuatro millones de pesos. El Almirantazgfo, presionado por la prensa, paga el sueldo a los oficiales españoles y mantiene a sus tripulaciones durante el arresto, pero no indenniza a las viudas de los civiles.

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