Desde hace unos días, la ciencia y las redes están hablando de Verónika, una vaca suiza (de la raza Braunvieh o Swiss Brown) que vive en Austria con su cuidador, el panadero y agricultor orgánico Witgar Wiegele. Lo particular de Verónika es que no es una vaca de granja típica: ha pasado su vida en libertad relativa, en un entorno estimulante con muchos objetos móviles a su alrededor. Lo que llamó la atención fue un vídeo casero en el que se la veía cogiendo palos, rastrillos de jardín y especialmente una escoba de mano con el hocico y la lengua, colocándolos con precisión y rascándose partes de su cuerpo que no podía alcanzar de otro modo. Esto puede parecer gracioso, pero desde el punto de vista científico, lo que está haciendo cuenta como uso de herramientas: manipular un objeto externo para lograr un objetivo concreto. Lo que hicieron después los zoólogos y etólogos —científicos especializados en comportamiento animal— fue bastante serio: llevar a cabo experimentos controlados. En el estudio publicado en la revista Current Biology, los investigadores colocaron una escoba en diferentes posiciones al azar frente a Verónika y observaron durante varias sesiones cómo ella elegía qué extremo del objeto usar según la parte del cuerpo que quería rascar.
Verónika utilizó de forma consistente:
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El lado de las cerdas para rascar zonas de piel más gruesa, como la espalda.
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El extremo liso del mango para áreas más sensibles, como el vientre o la ubre, haciendo movimientos más suaves y controlados.
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Además, ajustaba el agarre con su lengua y su boca para orientar correctamente el objeto.
¿Qué dicen los etólogos sobre este caso?
Antes de este hallazgo, el uso de herramientas —especialmente el uso flexible y adaptativo, donde un mismo objeto se emplea para varias funciones según la situación— se había documentado con claridad en animales como primates (chimpancés), corvos y aves inteligentes, elefantes e incluso cetáceos, pero nunca de forma documentada en el ganado vacuno.
Los etólogos señalan varias cosas importantes:
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No se trata solo de agarrar un objeto por accidente. El hecho de que Verónika seleccione y utilice conscientemente distintas partes de una herramienta para lograr un fin específico (rascar diferentes partes del cuerpo) implica procesos cognitivos de control motor, planificación y toma de decisiones.
Aunque el tipo de herramienta y la acción (rascarse) parecen simples comparados con, por ejemplo, usar una piedra para abrir una nuez, la flexibilidad con la que elige y ajusta el objeto demuestra algo más sofisticado de lo esperado en bovinos.
Muchos etólogos subrayan que este tipo de comportamiento probablemente ha sido ignorado históricamente. No porque no exista, sino porque los animales domésticos rara vez tienen la oportunidad de explorar y manipular objetos en sus entornos habituales y tampoco se les observa detenidamente.
Un experto no involucrado en el estudio, Christian Nawroth, del Instituto de Biología de Animales de Granja en Alemania, comentó que el caso de Verónika es convincente como uso de herramienta y que abre interrogantes sobre cuánto se ha subestimado el potencial cognitivo de los animales de granja.¿Qué significa este caso para la ciencia y la etología?
El caso de Verónika está generando un debate amplio, no solo porque una vaca use herramientas, sino porque impulsa a reconsiderar la inteligencia de los animales tradicionalmente vistos como “menos capaces”. Algunos científicos opinan que:
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Los animales domésticos, simplemente por vivir con humanos, podrían tener capacidades que rara vez se manifiestan o se documentan.
Las condiciones ambientales y el enriquecimiento —tener objetos y la libertad de explorarlos— pueden permitir que habilidades cognitivas latentes emerjan.
Esto no indica que todas las vacas sean superinteligentes, pero sí sugiere que el comportamiento animal es mucho más rico de lo que pensábamos, y que prejuicios culturales (como asumir que “las vacas son tontas”) han oscurecido observaciones valiosas durante siglos.
En resumen: Verónika es la primera vaca documentada científicamente usando herramientas, no por entrenamiento humano sino por aprendizaje espontáneo. Etólogos y zoólogos han verificado que su comportamiento cumple criterios estrictos de uso de herramienta, lo que ha llevado a replantear cuánto sabemos (y cuánto nos falta por aprender) sobre la cognición en animales domésticos.

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