sábado, 20 de julio de 2019

Terrorismo en Europa. Hablan las víctimas.

Luís Ahijado, 39 años, y su madre, Paloma Roque Morales, 55.

Trenes de Atocha. (11 de marzo de 2004)
Aeropuerto de Barajas (30 de diciembre de 2006)



El destino puede ser cruel con algunas familias. Las leyes del azar tienen una sonrisa amarga.. Luís Ahijado fue herido en los atentados con mochila bomba que afectaron a los trenes de cercanías madrileños en marzo de 2004; su madre, Paloma, estuvo presente durante el atentado con bomba de ETA en el aeropuerto de Barajas ( actualmente Adolfo Suarez) de 2006.

Luís quería tabajar como bombero, pero ahora es director y fotógrafo. Su madre sigue de baja, afectada por las secuelas psicológicas. Cada vz que una bomba estalla en cualquier parte del mundo vuelve mentalmente al infieno de la terminal de Barajas en diciembre de 2006.

Luís se subió a un tren. La bomba le prtió la mandíbula y le quemó el rostro. No pudo ver mucho pero le dijeron que era el único superviviente de su vagón. Cuando Luis llegó al hospital una efermera se tapó la vista con un periódico. Luis dedujo que el monstruo de Frankenstein tenía mejor aspecto que él en aquellos precisos momentos. El dolor era insoportable cuando los dermatólogos le cepillaban la cara con un cepillo para que cicatrizara mejor.

Los tímpanos de Luís siguen afectados después de una serie de dolorosísimas operaciones. "Tengo que ducharme con tapones, tengo que ir a la piscina con tapones, tengo que ir a la playa con tapones". Prefiere no volver a operarse porque le ha cogido miedo a los efectos de la anestesia. En una de las operaciones la anestesia no funcionó correctamente y estuvo consciente mientras los otorrinos le cosían.

Aunque sus compañeros alejaron a Paloma de la terminal de Barajas, Paloma regresa a lo poco que vio cuando estuvo dentro del edificio reventado. Ya no puede viajar en tren o en avión y apenas sale de casa. Paloma no quiere perdonar a los terroristas: "Todo lo que hemos tenido que pasar... no sé lo que les haría, pero les haría algo, que sus madres lloraran por ellos, como otras madres y otras familias llevan llorando desde hace muchos años".

Hager ben Aouissi, 34 años, con Kenza, de 4.

Paseo marítimo de Niza. 14 de julio de 2016.

Los fuegos artificiales de la fiesta nacional francesa acaban de terminar cunado el "lobo solitario" dirige el camión de 19 toneladas contra los transeuntes del paseo marítimo de Niza. Hager cubrió con su cuerpo el de su hija y rezó para que esto fuese suficiente. Fueron arrolladas pero salieron indennes. A su alrededor estaban los cadáveres de 86 personas y 450 heridos.

Kenza tiene pesadillas desde aquel día. Solo concilia el sueño en la cama de su madre. Cuando oy el ruido de un camión, se hace pis encima. Dice: "Mamá tiene poderes mágicos. Le ganó al camión". Pero desde aquel día piensa que solamente la puede proteger Hager.

Noumuuké Sidibé, 41 años.

Sala de Conciertos Bataclán, París. 11 de noviembre de 2015.

Noumouké era el jefe de seguridad de la Sala Bataclán. Cuando los terroristas empezaron a disparar contra todo lo que se movía este valiente hombre desplegó una escalera de incendios en la zona ozquierda del escenario. Salvó la vida de 50 personas gracias a esta escalera, pero no pudo hacer nada por los 90 muertos y 99 heridos solo en el interior de la Sala Bataclán.

Cuando terminaron los homenajes y la gente se centró en otros héroes a Noumouké solo le quedó la realidad: estaba de baja y no era seguro de si tendría el valor para volver a trabajar como guardia de seguridad. Actualmente colabora con un equipo de fútbol juvenil.

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