Clint Eastwood, un orangután llamado Clyde y el legado incómodo de Hollywood
En 1978, Clint Eastwood sorprendió a Hollywood aceptando protagonizar Every Which Way but Loose ("Duro de pelar" en España). Después de años interpretando al "hombre sin nombre" y al inspector Harry Callahan, decidió encarnar a Philo Beddoe, un camionero y luchador de peleas clandestinas cuya inseparable compañía era Clyde, un orangután. Contra todo pronóstico, la película fue un fenómeno comercial y se convirtió en uno de los mayores éxitos de la carrera de Eastwood, aunque la crítica la recibiera con bastante frialdad.
El orangután que interpretó a Clyde se llamaba Manis. Eastwood llegó a decir que era "uno de los actores más naturales" con los que había trabajado, aunque añadía con humor que había que filmarlo a la primera porque se aburría enseguida.
¿Qué fue de Manis después del rodaje?
Aquí es donde la historia suele confundirse.
Manis no murió al finalizar el rodaje, ni tampoco durante la primera película. Tras el éxito de Every Which Way but Loose regresó a su trabajo como animal de espectáculo y posteriormente apareció en otras producciones, como Going Ape! (1981), Cannonball Run II (1984) y algunos programas de televisión.
La confusión proviene de la secuela Any Which Way You Can (1980). Para entonces Manis había crecido demasiado para mantener la apariencia del personaje y fue sustituido por otros orangutanes, principalmente Buddha y C.J.. Durante años circularon denuncias de malos tratos que afirmaban que "el orangután de Clint Eastwood" había muerto tras ser golpeado por su entrenador. Sin embargo, numerosas investigaciones posteriores señalan que esas acusaciones se referían presuntamente a Buddha, no a Manis, y algunos profesionales del rodaje también han cuestionado aspectos de esa versión. En definitiva, existe controversia sobre los hechos concretos, pero no sobre un punto esencial: Manis sobrevivió al rodaje de la primera película y continuó trabajando durante varios años más.
Del cine al santuario: una nueva vida para los grandes simios
A partir de los años noventa cambió profundamente la percepción sobre el uso de chimpancés y orangutanes en el cine y la publicidad. Hoy la mayoría de los especialistas consideran que vestirlos, obligarlos a actuar como humanos y entrenarlos para escenas cómicas supone un problema tanto ético como de bienestar animal.
Estados Unidos cuenta con varios santuarios donde viven grandes simios retirados del espectáculo, la investigación biomédica o el comercio ilegal.
Center for Great Apes (Florida)
Acoge orangutanes y chimpancés procedentes de laboratorios, circos y la industria del entretenimiento. Su filosofía consiste en proporcionarles grupos sociales estables y grandes recintos naturales donde ya no tengan que actuar para el público.
Save the Chimps (Florida)
Es el mayor santuario de chimpancés del mundo. Alberga a cientos de chimpancés rescatados de laboratorios, anuncios publicitarios y espectáculos, que viven en islas boscosas conectadas mediante puentes.
Chimp Haven (Luisiana)
Es el santuario nacional para chimpancés retirados de la investigación biomédica financiada por el gobierno estadounidense, con amplias zonas naturales y programas de enriquecimiento ambiental.
Marc Silver y los "monos grasientos" de la Super Bowl
Uno de los episodios más citados por el periodista y documentalista Marc Silver aparece en sus trabajos sobre la representación de los chimpancés en la publicidad.
Silver describía un anuncio emitido durante la Super Bowl en el que aparecían chimpancés vestidos como mecánicos de taller, cubiertos de grasa y comportándose como operarios torpes: los llamaba, irónicamente, "greasy monkeys" ("monos grasientos"). El anuncio resultaba muy divertido para el público precisamente porque los animales imitaban conductas humanas absurdas.
Su crítica iba mucho más allá del spot concreto.
El problema del alivio cómico
Según Silver y numerosos primatólogos, la repetición de esta imagen produce un efecto inesperado:
- el público percibe a los chimpancés como animales dóciles y graciosos;
- se olvida de que son especies salvajes, muy fuertes y potencialmente peligrosas;
- disminuye la sensación de que están amenazados en la naturaleza;
- aumenta el deseo de tener uno como mascota exótica.
Diversos estudios realizados por especialistas en conservación han mostrado que ver chimpancés vestidos con ropa, conduciendo coches o realizando tareas humanas hace que muchas personas crean erróneamente que la especie no está en peligro de extinción. Ese fenómeno se conoce como el "efecto del chimpancé sonriente" y ha sido ampliamente documentado por investigadores y organizaciones conservacionistas.
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