viernes, 22 de enero de 2010

Los nómadas de La India


Quizá se trate del atávico desprecio del agricultor por los que no están atados a la tierra, como los antiguos cazadores- recolectores. Quizá porque nos consuela, como aspirantes a una vida lo más urbana y vertical posible, saber que hay alguien varios escalones por debajo de nosotros. Pero a los nómadas no les va bien en la sociedad india.
Es en La India, donde la sociedad está cimentada en las diferencias sociales y en la discriminación a los más desfavorecidos, donde es más evidente esto. Es el subcontinente indio hay más de 500 grupos nómadas. Es un conjunto de lo más abigarrado. Hay cazadores- recolectores, pastores, vendedores de sal, adivinos, brujos, sanadores ayurvédicos; y no faltan los artistas callejeros, malabaristas, acróbatas, narradores de cuentos, encantadores de serpientes - por lo visto esta actividad está oficialmente prohíbida desde 1972-, veterinarios, tatuadores, cesteros, etc...

En sus días estas étnias errantes estuvieron integradas en el entramado de la India rural. Pero fue en el siglo XIX cuando los funcionarios británicos los tacharon de vagos y maleantes, sembrando un prejuicio que prendería como la yesca en la mente de los impresionables campesinos hindúes. Sin una casta propia, idioma o región, los nómadas no tienen derecho a asistencia médica, a sufragio o a representación jurídica ante los abusos.

Uno de los grupos más conocidos son los Lohar, una casta de herreros sin hogar. Proceden de Chittaurgarh, una fortaleza de arenisca al sur del Rajastán. Construida en el siglo VII, era la capital de Mewar, reíno de poderosos guerreros, los rajsputs. Los lohar fueron sus artesanos del metal hasta que en 1568 el reino fue anexionado por Akbar, un rey mogol.

Los lohar hicieron el juramento de no dormir bajo techo, no usar cuerda para extraer agua de los pozos y no encender lumbre después del anochecer, y se echaron a los caminos. Empezaron a dormir en catres vueltos del revés, para castigarse con un número de molestias razonables durante el sueño. Sus útiles de hierro, duraderas y de calidad, encontraron un mercado, hasta que Deng Xiaoping empezó a inundar La India con manifacturas chinas, más baratas y de la misma calidad.

En 1883, un funcionario británico, Denzil Ibbetson hizo un informe sobre las étnias nómadas del Punjab. Como lo más parecido que existía en Gran Breraña era el pueblo romaní, difundió la idea de que los nómadas eran unos incorregibles ladrones y mentirosos. En 1871, los británicos aprueban la Ley de Tribus Criminales, que identificaba a decenas de grupos nómadas como delincuentes vocacionales. Miles de personas fueron concentradas en campos de trabajo, algunos dirigidos por el Ejército de Salvación.

En 1948, La India consigue la independencia y promulga la Ley de Delincuentes habituales. Más de lo mismo.

En 1955, el primer ministro Yawaharlar Nerhu afirmó que con la soberanía del país quedaba restablecido el honor de los lohar. Miles de ellos, vieron como Nerhu ponía del derecho un catre invertido. Muchos de ellos se apuntaron a planes de promoción social y empleo. Las buenas intenciones no llegaron lejos. Un campamento experimental quedó abandonado tras la muerte de dos adolescentes lohar. El hecho fue interpretado como una advertencia para los que osaban violar el juramento de los herreros

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