martes, 5 de enero de 2010

Sophie Evans, con el mundo a sus pies.


Las actrices pornográficas no suelen tener carreras largas. Es paradójico, porque en ese mundo son los hombres los que sufren las peores presiones. La carrera de Sophie como sombra en las fantasías eróticas masculinas dura ya cerca de una década. Lo más probable es que esta hungara de Szeged, apenas unos meses más joven que yo, esté pensando en estos precisos momentos en dejar de hacer filmes para adultos.

La gente suele creer que estas mujeres proceden de hogares rotos o de sociedades con precariedad de oportunidades. No es el caso de Sophie. Sus padres son biólogos. Como querían lo mejor para su hija, y el panorama político del este de Europa de los años finales del bloque soviético no era lo mejor, aceptaron puestos en Toronto, Canadá- Allí se criaría Sophie hasta que llegó la etapa de ingresar en la Universidad de Budapest - volvieron a Hungría después de 1991- donde nuestra rubita estudió psicología.

Terminados sus estudios Sophie acepto trabajos como camarera y modelo de lencería. Empezó a hacer de bailarina exótica durante unas vacaciones en Grecia. "Era demencial. Ni siquiera tenía el vestuario adecuado", recuerda ella.

Posteriormente trabajaría y refinaría su forma insinuante de bailar en clubs de Canadá. Solicitó a su agencia que la enviarán a Europa, pero la experiencia estuvo a punto de acabar mal. Los contratantes no eran mas que unos proxenetas de Asturias y el puesto era de prostituta. Con sus últimos ahorros se trasladó a Barcelona.

Allí conocería a Juana de Lucía, la Gran Madre de los espectáculos eróticos, propietaria del Café Bagdab. También conocería a personas tan influyentes como su marido Antonio Ribas - Toni-, y los directores Jose María Ponce y Narcís Bosch.

En el terreno de los filmes para adultos podemos citar "Perras callejeras","Españoles de uniforme", "Gladiator X" y el gonzo "Café doble".

¿Qué por qué la cito precisamente hoy? Porque Mike Arrieta me acaba de devolver un texto donde ella aparece como personaje de un thriller. Sophie nunca dejará de ser una mera sombra, un espejismo inalcanzable de una sexualidad seguramente imposible, pero ha despertado tanta ilusión que se merece una dedicatoria. Por haberse quedado, por haberse atrevido.

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