sábado, 25 de septiembre de 2010

Los políticos en zapatillas.


La funcionaria de la Secretaría del Gobierno María Ángeles López de Celis (Madrid, 1957) acaba de sacar a la luz un jugoso testimonio sobre la realidad cotidiana y la personalidad de los cinco hombres que se convirtieron en los presidentes españoles de la democracia. López de Celis ha abandonado el Palacio de la Moncloa este verano para ocupar un nuevo puesto, no muy alejado del proceloso mundo del poder, en el Ministerio de Interior, dirigido por Alfredo Pérez de Rubalcaba.

ADOLFO SUAREZ (1976-1981)


La de Adolfo Suarez era una secretaria que no tenía nada que ver con la actual. Eran tiempos de papel carbón, de máquinas de escribir Olivetti, de operadoras telefónicas con clavijas, y del pendolista- falsificador, claro.

Este operario vivía de falsificar la firma del presidente Suarez en los documentos rutinarios. Acudía a la Moncloa una vez por semana. El pendolista nunca se ocupó de firmar los documentos importantes.

LEOPOLDO CALVO- SOTELO. (1981-1982)


López de Celis recuerda con cariño las trastadas de los ocho hijos habidos en el matrimonio de Calvo- Sotelo con su mujer, Pilar Ibañez. La única extravagancia de este melómano y efímero presidente fue habilitar una salita para el piano, del que era un virtuoso.

FELIPE GONZALEZ. (1982-1996)


Era un hombre que cultivaba bonsais, trabajaba el ámbar y la madera, un ser introspéctivo y solitario.

Durante esta época llegaron los primeros ordenadores a la secretaría de la Moncloa. Era frecuente ver por esa época al vicepresidente Alfonso Guerra jugando al cu cú con su hija pequeña Alba detrás de la mesa del ordenanza. O escuchar completas las discusiones de Julio Feo con su ex mujer.
Por esa época un par de ladrones de guante blanco se colaron en las dependencias de los funcionarios y robaron un valioso cuadro. Más tarde fue recuperado.

JOSE MARÍA AZNAR. (1996-2004)


"Yo soy el milagro", decía este presidente de baja estatura y poblado mostacho al Wall Street Journal en 1997. Lo cierto es que su mujer Ana Botella se encargó de convertir las dependencias presidenciales en algo tan recargado como el palacio de un noble del siglo de las Luces. "Aquello se parecía cada vez más al Pardo", dice López de Celis.

Según ella, lo que hacían los hombres de confianza de Aznar durante sus ratos de ocio tenía tintes surrealistas. Milagros Rodríguez Falcón hacía jogging por el vestíbulo mientras rezaba el rosario (?), mientras la señora de la limpieza le daba la réplica. "Ora Pro Nobis".

También era proberbial el odio que sentían los dos perros cocker del presidente Aznar, Zico y Gufa, por el vicepresidente Alvarez Cascos. Su día de triunfo- el de los perros, quiero decir- es aquel en el que consiguieron morderle.

FICHA DEL LIBRO:
Autora: María Ángeles de Celis.
Editorial: Espasa.
Precio: 19:50 euros.

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