sábado, 13 de noviembre de 2010

La Ruta del Té y los Caballos.


Ultimamente acostumbro a introducir en este blog entradas acerca de la cultura china. Considero que es un país apasionante, a pesar de que sus últimos 100 años han sido un poco tumultuosos.


Quizá a causa de sus creencia religiosas y filosóficas los chinos no se han relacionado mucho con los pueblos vecinos. A pesar de las relaciones tensas con el Tibet a lo largo de toda su historia, hubo hasta 1966, año de la controvertida Revolución Cultural, relaciones comerciales entre los dos países- mas bien territorios-.


El té fue introducido en China durante la Dinastía Tang en 641 por la princesa Wen Cheng, entregada en matrimonio al rey tibetano Songsen Gampo. Desde el campesino más rústico hasta el refinado aristócrata terrateniente, pasando por los monjes, todo los tibetanos se habían aficionado a esta bebida caliente. Antes de su popularidad, solo se podía beber nieve recalentada, leche de yak o de cabra, o chang, la cerveza de cebada.


Durante las dinastías siguientes China intercanbió té a cambio de una necesidad perentoria para su ejército: los duros caballos del altiplano. Cuando la caballería perdió su papel predominante en el ejército chino, se intercambiaron bloques de té por pieles, lana, metales preciosos y mecicinas tradicionales tibetanas.


Los porteadores del té tenían que llevar cargas de bloques de 3 kilos cada una, hasta igualar su peso. Muchos murieron a causa de las ventiscas en los puertos de montaña, a manos de los bandidos, o simplemente, porque se caían por un precipicio. Para ilustrar la dureza del oficio cito, gracias a National Geographic, una canción de marcha de estos porteadores:






Siete pasos cuesta arriba, hay que descansar.


Ocho pasos cuesta bajo, hay que descansar.


Once pasos yendo en llano, hay que descansar.


Hay que ser bien tonto para no descansar.

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