miércoles, 23 de noviembre de 2011

Rusos lipovenos.

Rusia, siglo XVII. El país ya no puede ignorar su atraso. El zar Alejo, y su hijo Pedro, están enzarzados en constantes luchas con los polacos por el control de Ucrania. Esto abliga a Alejo a dejar el gobierno en manos del metropolita Nikón, un fanático obsesionado con una reforma de la liturgia ortodoxa totalmente autocrática.

Los textos de la nueva liturgia son ahora de origen griego, hay que pagar un impuesto especial por usar barba, y hasta la forma de persignarse ha cambiado. Avvakum, un intelectual, se opone a las reformas, y no está sólo. Todo el pueblo ruso, muy religioso y conservador, lo secunda. El resultado es una represión que recuerda a los primeros tiempos del cristianismo. Muchos rusos se queman vivos porque no quieren que cambie su manera de relacionarse con Dios.

Los rusos lipovenos se trasaladan a Ucrania, donde los cosacos de los líderes Staka Razín y Bogdan Jmielnitzy han conseguido cierta autonomía con respectos a los boyardos del zar. Al principio son bien acogidos, pero los lipovenos se instalan en los mejores caladeros de pesca. Los cosacos, un pueblo violento y militarizado, no lo pueden tolerar, y empiezan las agresiones a los pescadores y leñadores lipovenos.

La nueva huída es a un país diferente, Rumanía, un crisol de pueblos. En 1948, Stalin quiere que los lipovenos vuelvan para que sirvan fundamentalmente, a sus intereses. Sus agentes propagandistas recorren las riveras del lago Constanza, hablando del retorno a las tierras ancestrales, pero es mentira. La mayoría de ellos no podrán llevar su vida tradicional como colonos fronterizos.

En España viven actualmente 5000 lipovenos. El mayor nucleo, unos 2000 se halla en Amorebieta. Celebran la Pascua con la ayuda de un pope, e incluso ofician su misa del antiguo ritu en un local alquilado.

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