viernes, 27 de abril de 2012

Roma subterránea.

La ciudad de Roma por la que hoy se pasean los turistas y que hace las delicias de las palomas no se parece orográficamente a la que se encontraron los antepasados pastoriles de los romanos. En el lugar donde se encuentra la explanada del Vaticano había una colina. Tampoco existían elevaciones como el monte de los Cocci de Testaccio.
El lugar debía ser un bucólico lugar para merendar e ir de acampada pero Eneas primero, y Rómulo y Remo después, pensaron que lo mejor era desecar las ciénagas, y cegar los arroyos, que ahora aparecen tan limpios como lo fueron en su día, en las entrañas del metro o en los sótanos de los edificios públicos.
Roma fue construída nivel sobre nivel. La técnica de los urbanistas romanos era utilizar los escombros de los pisos superiores de las insulae, esas caóticas casas de vecinos romanas de más de ocho pisos, y usarlas como cimientos tras rellenar con ellos los pisos inferiores. Un templo de Mitra del siglo II podía convertirse de esa forma en una basílica del siglo V, y posteriormente en una iglasia del siglo XII más alta y de planta latina. Concretamente eso es lo que sucedió con la Iglesai de San Clemente.
Los antepasados pastoriles de los romanos tenían una gran capacidad para las obras hidraúlicas, ya que los dos últimos reyes tarquinos, de ascendencia etrusca, construyeron la Cloaca Máxima. Cuando los romanos iban a defecar - sí; soy así de fino por Internet- decían que hacían ofrendas a Cloacina Recta, la supuesta diosa de los desagües fecales.
La Cloaca Máxima es famosa porque Julio César se escondió dentro para huir de dos sicarios enviados por el senador golpista Lucio Sergio Catilina, en compañía de Tito Labieno, otro militar. No se puede visitar nada, saldo el desagüe principal, que aún sigue en funcionamiento.
En la Vía de la Conziliazione, a 12 metros de profundidad, está actualmente el estadio de Nerón, de donde procede el obelisco que preside la Vía Vaticana. En los sótanos subterráneos del Vaticano pueden encontrarse imágenes de Horus, Plutón, Minerva y Océano.
Las catacumbas fueron excavadas por los fossores, un gremios de especialistas en túneles subterráneos de la Antigua Roma. Tras la caida del Imperio se convirtieron en lugares sumamente peligrosos y fue gracias a la influencia de los españoles instalados en Nápoles, que volvieron a cartografiarse y se escribieron en las paredes graffitis como "Es mejor que uses una linterna de aceite aquí".
Quiero citar aquí a los cassetari, unos ladrones expertos en abordar los sótanos de las instalaciones bancarias a través de los túneles romanos. Ahora, con las nuevas medidas de seguridad, la mayoría de ellos se dedican a cosas menos comprometidas. Y a la Confraternitá de Sacconi Rossi, fundada en 1760. Hasta 1836, estos píos cófrades enterraban los cuerpos de los ahogados bajo un edificio de Fatebenefratelli, en la Isla Tiberina, un lugar muy famoso, donde los romanos abandonaban a su suerte a los esclavos demasiado enfermos para trabajar. Si el esclavo se recuperaba con la ayuda de los médicos de la isla, se le consideraba manumitido.


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