jueves, 27 de septiembre de 2012

Muere Sven Hassell.

Sven Hassell fue uno de los más polémicos autores de novela ambientada en la Segunda Guerra Mundial que se recuerdan. Sus novelas cuenta las vicisitudes de un grupo de soldados de Werhmatch putañeros, sucios, malolientes, sin tiempo para ese extraño lujo que es la piedad con los caídos...
Son los hijos del proletariado alemán, a los que nadie preguntó si se decantaban por un resultado u otro de la guerra. Simpatizan con algunos de sus enemigos, odian a los estirados jefes de las SS- en primer lugar porque son los jefes, con todo lo que supone en una guerra-, y roban todo lo que se pueda comer o intercambiar.
Probablemente esa fuera la realidad de algunos soldados. El robo y los roces con la policía militar debieron existir, ciertamente. Y las gentes que nos protegen y nos enseñan a admirar, pierden mucho en las distancias cortas.
Déjemos eso.
Sven Hasell vendió una imagen suya de héroe de guerra, condecorado con las cruces de hierro de primera y segunda clase. Superviviente de un batallón disciplinario, afirmaba que la crudeza de la guerra en sus novelas era tal porque él mismo la había vivido así. Sin embargo los historiadores dicen que es imposible que un pelotón disciplinario, la hez de la soldadesca, se las arregle para participar en todas las campañas en las que se ve a sus personajes. Algo huele a podrido en Dinamarca, nunca mejor dicho.
Un periodista desveló a principios de los 90 que Hassell era un timador barato, ladrón de bicicletas en la Dinamarca ocupada. Uno de sus timos era hacerse pasar por oficial de rango medio de las SS. Y lo lograba por un corto periodo. Si los daneses no lo defenestraron por colaboracionista ni las autoridades alemanas le agradecieron los quebraderos de cabeza con una bala, lo menos que podemos hacer es despedirnos de él. Ha muerto ayer.

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