domingo, 28 de octubre de 2012

Jack el Destripador era una mujer.

John Morris es un abogado jubilado inglés. Como se aburre mucho, y en Gran Bretaña no está de moda lo de mirar obras, se anima a escribir libros y a elucubrar sobre quién sería el más famoso asesino en serie de todos los tiempos. En 2006 publicó un libro afirmando que Jack el Destripador era en realidad Sir John Williams, un médico metido de lleno en el asunto de los abortos clandestinos y supuesto amante de Mary Kelly, la última víctima.
Ahora duce que, dada la mala acogida de su libro, cree que el famoso psicópata era la espasa de Williams, Lizzie. "Esa mujer no podía tener hijos propios y eso la desquició. Ninguna de las víctimas canónicas ha sido violada y cerca de Annie Chapman, la tercera, sus objetos personales habían sido colocados con un esmero muy femenino". También afirma que es patológico que extirpe el útero.
Si se supone que su marido estaba saliendo con una de las pocas prostitutas de buen aspecto y j´venes de Whitechapel, una de las pocas que podía llevar a la clientela a una habitación propia - lo que fue su perdición- que Lizzie la convertiera en un rompecabezas sangriento de sangre y vísceras solo era cuestión de tiempo.
En la chimenea de esa habitación se encontraron fragmentos de una falda, una capa de viaje y un sombrero, que no son de la Kelly. Cerca de Annie Chapman se encontraron tres botones de una bota femenina, según Morris.
Los alienistas de la familia Williams informaron que la esposa había sufrido un ataque de histeria poco después del asesinato de Mary Jane Kelly, pero la policía no la interrogó. Claro que faltaban 8 años para la irrupción de las huellas digitales en la criminalística. En 1888, un charco de sangre en el suelo era algo que había que limpiar pronto, no fuera que los caballos de las berlinas se fueran a caer. Y los caballeros de las clases altas no colaboraban co la Policía porque los inspectores de Scotland Yard no eran admisibles socialmente. En otras palabras, la Policía más avanzada del siglo XIX no tenía los medios, los conocimientos ni el apoyo público para atrapar al bueno de Jack. Si éste hubiera seguida matando, es posible que hubiera estallado un disturbio que hubiera dejado chicos a los de la Revolución Francesa.
En el,lado positivo, una de las aficiones de las clases altas eran los clubs de los detectives aficionados. Estos hombres y mujeres seguían los casos por la prensa y se reunían con regularidad para proponer soluciones. En una de ella, Sir Arthur Conan Doyla dijo:"Los únicos que están a salvo de las sospechas de Scotland Yard en el East End son los propios policías, los clérigos y las mujeres".

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