miércoles, 3 de abril de 2013

Minority Report, de Steven Spielberg.

https://www.youtube.com/watch?v=QH-6UImAP7c

Año 2054. Una ciudad cualquiera. El detective John Anderton (Tom Cruise) trabaja en la agencia Precrimen, una institución que promete un mundo sin delitos violentos. Para conseguirlo se valen de tres mutantes con capacidades precognitivas a los que obligan a permanecer aislados en un tanque de leche de fotones.
La premisa de esta agencia es detener a los asesinos antes de que tengan oportunidad de hacer daño a nadie. Pero, claro, toda la película gira en torno a la paradoja de que si los asesinos no asesinan, ¿por qué deben ser castigados con el halo?
Witwer es un inspector de la capital que visita Precrimen con la idea de evaluar los resultados y decidir si el sistema se implanta en todo el país. Entonces, Agatha, sufre un eco, una visión de un crimen pasado y Anderton, atormentado por la perdida de un hijo de corta edad asesinado por un pederasta, decide intervenir.
Los precogniscientes tienen otra visión de Andertos asesinando a un tal Leo Crow "con premeditación", lo cual es imposible porque Anderton no odia ni conoce siquiera al tal Leo Crow. Pronto descubrirá la impostura del sistema de Precrimen, ya que fue necesario cometer un asesinato para poner la institución en marcha. Y el sistema se puede trucar.
La película está basado en un cuento de ciencia ficción de Philip K. Dick, uno de los últimos maestros del género. La película cuestiona si estamos predeterminados en nuestros comportamientos, por lo que toda la parafernalia policial se viene abajo. Pero si estamos predeterminados, entonces por qué se castiga algo que va a pasar queramos o no. ¿No es eso jugar a ser Dios?

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