miércoles, 10 de abril de 2013

"Parque Jurásico". 20 años después.

En 1987 la genética era una ciencia nueva. Se podía capturar a los asesinos y los agresores sexuales por su ADN. Ian Wilmut había clonado a la oveja Dolly, aunque con problemas. Y lo bueno de las nuevas tecnologías es cómo sacarles partido económico. Es en este contexto, donde Crichton escribe una novela donde un empresario tipo Disney crea una reserva de dinosaurios que se le va de las manos.
Respecto a los dinosaurios, creo que en estos 20 años hemos descubierto que los velociraptores eran un poco más tontos, pero más fuertes, y no tan rápidos como los del filme. Que los galliminus y los velociraptores tenían plumas, no se sabe de qué color ni con qué fin. Y que son los músculos del cuello del tiranosaurio, no sus mandíbulas los que convierten a este terópodo en una pesadilla mortal, incluso para los otros T Rex. Parece ser que eran caníbales.
De hecho un paleontólogo ha trazado un esquema con ilustraciones sobre la manera que un tiranosaurio tendría, paso a paso, de decapitar el cadáver de un Triceratops.
Otro fallo de la película es mostrar dinosaurios adultos en el parque, como el Brachiosaurio del principio, cuando estos tardaban 30 años en alcanzar la madurez sexual. Si sobrevivían a los sucesivos depredadores, claro. La tecnología genética y el genoma humano no estuvieron patentados hasta 1988, por lo que se supone que Hammond lleva con su proyecto desde finales de los años 60. ¿No huele a chamusquina por ahí?

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