viernes, 26 de abril de 2013

Sobre los acontecimientos de Boston.

1972. Un grupo de militantes del grupo terrorista palestino Septiembre Negro, vestidos con chandal, entran en la Villa Olímpica de Munich y secuestran a los atletas israelíes. El rescate por parte de las fuerzas de seguridad alemanas occidentales se cobra la vida de varios atletas y un policía.
1996. Atlanta. Un ex marine que opina que los Juegos Olímpicos de Atlanta son un derroche del erario público los boicotea con un artefacto de fabricación casera. Actualmente cumple cuatro cadenas perpetuas, sin posibilidad alguna de condicional.
Los atentados de Boston fueron llevados a cabe por dos niñatos, los hermanos Zhokhar y Tamerlán Tsanaev  que llevaron los códigos chechenos de honor y venganza demasiado lejos. En el Caucaso se valora la figura del guerrero que lucha por la libertad, y la valia de las comunidades está en seguir a esos líderes con la mayor eficacia. El problema es que no se trataba de invasores rusos, sino de una comunidad católica que celebraba un maratón.
No son los terroristas que estamos acostumbrados en ver por las noticias. Se financiaron con sus ahorros y no buscaron un método de salir del país. Los hubieran cogido de todos modos porque Times Square (Nueva York), donde pensaban colocar 12 artefactos explosivos de fabricación casera, cuenta con 3000 cámaras de vigilancia.
El número de ataques terroristas ha disminuido desde 2001. El propio Bin Laden, en uno de sus últimos comunicados, decía que Al Qaeda y su estructura de mando se habían resentido del atentado de las Torres Gemelas. En el mundo del terrorismo un buen lider es alguien que consigue que más bombas estallen para que gente incapaz de matar a una mosca saque réditos políticos. El problema es que el atentado de Boston no benefició a nadie, ni siquiera a sus autores.

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