martes, 28 de mayo de 2013

El fotógrafo del Everest.

La Segunda Guerra Mundial había acabado. La gente quería distraerse de las duras realidades de la reconstrucción de Europa, y, por ello, se cebaron en los proyecto de los montañeros. En 1953 La Royal Geographical Society y el Club Alpino le pidieron el coronel John Hunt que organizara una expedición pagada con libras británicas al Everest.
Hunt escogió, de entre los cientos de voluntarios, a 10 hombres, entre ellos el apicultor neozelandés Edmund Hillary, y el porteador sherpa Tenzing Norgay, que ya había estado en cinco expediciones a esta cumbre. Hillary exigió que se incluyera a un joven escalador de 28 años.
Cuando el fotógrafo oficial de la expedición tuvo que ser enviado a casa por una afección pulmonar, este hombre, George Rowe, ocupó su lugar. "No tenía ni idea de fotografía. Tenía que cargar con dos cámaras al cuello, con cuidado de no rayar las lentes. Los trípodes pesaban dos kilos y cada rollo de cinta 200 gramos. Solo que yo cargaba en todos mis desplazamientos con 10", explica este alpinista y profesor de escuela rural.
La última fase sólo admitía dos hombres, por lo que Rowe no pudo ir. Ya en la cima, Hillary tomó varias instantáneas de su compañeros Tenzing. Pero de él no hay ninguna porque el sherpa no sabía manejar ese extraño artefacto que veía por primera vez.

Nota: Rowe acaba de morir y ha cedido a los archivos todo su material inédito. Ya no queda nadie vivo para contar qué pasó ese día de 1953.

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