sábado, 10 de mayo de 2014

Gertrude Zelle, Mata-Hari.

Algunas mujeres tienen ideas extrañas de lo que es la libertad. No acaban da salir del patio de recreo del instituto, donde todo gira en torno a quién es más popular. No entran del todo en la edad adulta y cierran la puerta para siempre.
Gertrude Zelle nace en Holanda en 1876. Fue toda su vida una aventurera en busca de dinero y popularidad. Y eligió la profesión de espía, donde el trabajo está vetado para el chico popular de la clase en favor del que ni siquiera se le ve correctamente en el anuario. Toda su vida fue una mentira, forjada por parte de su padre, un sombrerero con delirios de grandeza. Este hombre la matriculó en el colegio más caro. El primer día la niña llegó en un carrito tirado por dos cabritillas. Desde niña le fascinaron los uniformes y los jóvenes cadetes de las academias militares.

"Amo a los militares. Los he amado siempre y prefiero ser la amante de un oficial pobre que la esposa de un banquero rico".

A los 18 años, Gertrude se casa con Rudolph Mc Leod, un hombre mucho mayor que ella, y la pareja es destinada en Java. Allí Gertrude contempla danzas exóticas hasta el punto en que convierte esta afición en una actividad profesional, para horror de su marido. El matrimonio se disuelve tras la muerte de un hijo en extrañas circunstancias. Rudolp Mc Leod la acusó de disoluta y manirrota y reclamó a los tribunales la custodia de su otra hija.
En 1902 Mata- Hari se instala en París y comienza a bailar en los escenarios. Hoy en día probablemente habría encontrado su sitio en la pornografía, porque bailaba ligera de ropa, y solía terminar desnuda. Lo que llamaba danzas sagradas no tenía nada que ver con lo que las bailarinas de Java hacían normalmente.
Cuando los años pasaron y los contratos de los teatros disminuyeron, Gertrude se había acostumbrado a un nivel de vida alto y necesitaba dinero. El inicio de la Primera Guerra Mundial la pilla en Berlín. Primero es amante del jefe de la Policía Política. Luego lo sería de un jefe del espionaje alemán, Kraemer, que la convierte en un agente Romeo, experta en sacar información reservada entre juegos amorosos. Pero Mata- Hari es indócil e indisciplinada. En Madrid ofrece sus servicios al jefe del espionaje francés, Ladoux. No se acaba de hacer cargo de los horrores de la Primera Guerra Mundial, las servidumbres del juego sucio del espionaje, y dispara los gasto,s aunque informa de un desembarco alemán en Marruecos.
Los franceses deciden fusilarla en Vicennes el 15 de octubre de 1917 cuando deciden que es una agente doble. Podrían haberla expulsado o repudiado pero optaron por quitarla de en medio. Quizá se sintieran humillados por haber sido manipulados por una cortesana sin interés ni respeto por lo que para ellos era el mundo. Quizá, en una época en que las sufragistas todavía eran detenidas, opinaban que una mujer no debía ser libre y tan activa sexualmente como los hombres. Por lo menos, no a su costa.

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