lunes, 12 de mayo de 2014

Rusia, Odessa y los peligros de las redes sociales.

El hecho:Una manifestación entre manifestantes pro rusos  se encuentra con un grupo de manifestantes pro ucranianos en las calles de la ciudad portuaria de Odessa. Algunos imbéciles echan manos de pistolas y cócteles molotov. Los más modestos usan piedras. Como diré más tarde, esta no es una historia de buenos y malos. Es una historia de gente imbécil y gente todavía más imbécil.
Los simpatizantes ucranianos empujaron a los pro rusos hasta su base de operaciones en la sede de unos sindicatos y empezaron a arrojar cócteles molotov desde el edificio con el resultado de que lo quemaron. Parte de bajas: medio centenar, cadáver achicharrarado más o menos.
Los blogs rusos inflan el número de bajas a un centenar. Los blogs rusos ocultan el hecho de que las primeras pistolas que dispararon eran las suyas. Los ucranianos también ocultan que cuando los encerrados en el edificio sindical en llamas quisieran salvar sus vidas y se encararamaron en las cornisas hubo aplausos cuado se cayó uno de ellos. Los pro rusos acallan el hecho de que algunos ucranianos trajeran escaleras de sus negocios y acudieran a salvar a algunos de los alborotadores rusos atrapados en las cornisas del edificio en llamas.
¿A qué estamos jugando? ¿A que un observador de las Naciones Unidas nos diga cuando debemos ir a mear porque uno solo no es capaz de ir sin montar un cisco? ¿A perder el control cuanto antes y luego echarnos las manos a la cabeza porque la cosa no mola?
Internet es una gran cosa. Tampoco digo que, bien usadas, las redes sociales sean malas. Pero a veces se hace muy difícil distinguir entre realidad objetiva y opinión. Además, que la gente que escribe en blogs como el mío no ha hecho la carrera de periodismo y no tiene los medios para actuar como periodista. La gente - y esto es el problema de la cobertura que se está dando a la salvajada del mes - tiende a leer aquello que les refuerza en la idea que ya tienen preconcebida, como hecho objetivo, y tienden a considerar los datos que contradicen su nueva fé en Facebook y Twitter como una opinión que debe ser obviada en el mejor de los casos, y ridiculizada, en el peor.

Nota: estoy opinando.

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