viernes, 16 de mayo de 2014

La Biblia del Trueno

Parece un libro del siglo XVIII normalito, con el desgaste de los años, y sus grabados y xilografías de cañones  otras piezas de artillería. Pero cuando Napoleón invadió con sus tropas la Península Ibérica encargo a sus oficiales que le trajesen todos los "Tratados de Morla" que pudiesen expurgar de las bibliotecas de las academias militares españolas.
"Tanto lo buscaron que a día de hoy existen más ejemplares en Francia que en nuestro país", explica el coronel Cuellar. "Lo había escrito Tomás de Morla, uno de los primeros cadetes del Real Colegio de Artillería de Segovia en 1764. Era la primera academia militar del mundo y tenía una de las mejores bibliotecas de la Ilustración"
En estos 200 años se ha pasado de disparar proyectiles contra cuadros de infantería a ojo de buen cubero a derribar en el aire un F-16 que vuela a 250 metros por segundo. En el siglo XVIII había piezas que se tardaba un día completo en disparar y en el siglo XXI tenemos cañones que se recargan cada 10 segundos. Si no fuera porque se trata de artefactos para destruir, me atrevería a decir que el progreso es maravilloso.
El Colegio asumió los fondos de la Real Escuela de Artillería de Cádiz, la Real Sociedad de Matemáticas de Madrid y la Escuela Teórica de Artillería de Barcelona, lo que entonces significaba una parte importante de los fondos militares españoles y europeos.
En estos centros se definirían los conceptos de retrocarga (cargar el fusil por el cañón),las trayectorias, las temperaturas de la pólvora, y las técnicas de fundición. Serían físicos españoles los que enunciarían las leyes de las proporciones definidas, parte fundamental de la química moderna, que pasaron a Francia gracias al buen hacer de Louis Proust, discípulo de Antoine Lavoisier, padre de la química moderna.
El desastroso incendio del 6 de marzo de 1862 acabó con todo. Una estufa mal vigilada prendió los artesonados del Alcazar y al poco tiempo todo el edificio estaba ardiendo. Algunos valientes cadetes, con gran riesgo de su vida, se dirigieron a la carrera a la biblioteca, pero solo lograron salvar 297 de los libros de consulta de un total de 11.000. Por suerte, uno de los libros salvados fue el índice por lo que los protos decidieron que recostruirían la biblioteca. Aunque hoy, en 2014, quedan algunos ejemplares por recuperar del listado original, la actual biblioteca tiene 52.000 ejemplares.

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