sábado, 21 de junio de 2014

A la búsqueda de las reliquias de Salomón el Magnífico.

Sur de Hungría, 1566. Las tropas otomanas van camino de Viena. Se han detenido a tomar la fortaleza de Seregetizvár, defendida por un general croata. Cuado la defensa de la plaza fuerte se hace imposible, el general croata Miklós Zrinlly sale con sus reservas de caballería y lucha hasta que muere el último hombre. El croata muere sin saber que ha salvado a la civilización occidental tras desbaratar las aspiraciones del sultán Solimán el Magnífico y hacerle perder 20.000 hombres. Más tarde, en el siglo XVII, el cardenal Richelieu consideraría este encuentro como la batlla más importante de la Humanidad.
Pero tampoco Solimán el Magnífico se entera del fatal desenlace de su 13ª campaña porque ha muerto dos días antes. Su Gran Visir todavía aspira a recuperarse del descalabro de Pécs, así que oculta la muerte del sultan durante siete semanas hasta que ha podido asegurar el acceso al poder del sucesor, Selím II.
Se dice que el cuerpo de Solimán el Magnífico fue enerrado en Constantinopla con todos los honores en los terrenos de la Mezquita de Solimán. Todo, excepto, según la leyenda, el corazón, enterrado en secreto en Seregentizvár.
Un arqueólogo húngaro y su equipo han rastreado cartas y testimonios de primera mano de la batalla, mapas militares y otros documentos para encontrar los restos de una mezquita, una posada y unos baños turcos - un hamman - levantados sobre el lugar donde se supone estaba la tienda militar donde murió Solimán el Magnífico. El complejo fue un sitio de peregrinación de viajeros otomanos y el único asentamiento islámico fuera de los territorios administrados directamente por el gobierno de la Súblime Puerta. El lugar fue quemado por las tropas de los Habsburgo después de que el rey polaco Sobieski y su caballería acorazada - los últimos europeos que lucharon con armadura - desbarataran el ejército del Visir Kara Mustafá durante su retirada tras el asedio de Viena de 1683.
Ha encontrado ladrillos otomanos, monedas, restos de azulejos islámicos, y otros productos de lujo orientales en una colina, entre tierras de cultivo, a cinco kilómetros de la fortaleza de Seregentizvár.

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