martes, 12 de mayo de 2015

Conferedados en Brasil.

George se viste como un apuesto y aristocratico oficial de caballería del Sur: levita gris virginiana, galones amarillos, doble botonadura,cinturón de hebilla oval o rectangular, tal como dictan los reglamentos, guantes, algo que no cataron los zaparrastrosos - y descalzos - soldados rasos de infantería... ¿Estamos en Richmond en 1862? No; nos encontramos en Sao Paulo, en la actualidad. Aquí acabaron 40.000 hacendados sudistas, aterrados por el alcance de las represalias del gobierno republicano. Tras cinco generaciones, se han mezclado con los paulistas, pero todavía reivindican sus raíces y su bandera.
En Santa Barbara D´Oeste, a las afueras de Sao Paulo, celebran una fiesta anual, y recuerdan uno de los episodios más desconocidos de la historia de los Estados Unidos.
Mientras que en territorio estadounidense la bandera de los sudistas está prohíbida, en Sao Paulo y Río de Janeiro está por todas partes.
Tras la Guerra de Secesión había mucha tensión entre los dos bandos. Casi nadie en el Norte hablaba de reconciliación, sino de revancha. Una dama del Sur, Sarah Smith Bellona Ferguson cuenta en su diario que se embarcó hacia Brasil en un paquebote capitaeado por un español en 1866. El capitán había recibido órdenes de hundir su nave, con todo su pasaje sureño en las traicioneras aguas cubanas. "Cuando se descubrió la trampa Mc Mullen, el juez Dyer y otros hombres entraron en su camarote y apuntándolo con sus pistolas obligaron al capitán a confesar y rectificar". No sirvió de mucho. El "Derby" se estrelló contra las rocas. Se salvó Sarah, su diario y nadie más.
Los exiliados sudistas aprovecharon la invitación del emperador de Brasil Pedro II. En el país la esclavitud era todavía legal y lo seguiría siendo hasta 1888. El lídeer de la comunidad estadounidense sureña en Santa Barbara D´Oeste fue el coronel William Norris, de 75 años. "Llamadme loco pero estoy dispuesto a darle una oportunidad a este país", dijo.
El primer y único conflicto con los paulistas sucedió cuando falleció. No había cementerio protestante y los católicos se negaban a enterrarlo en sagrado. Asi que los nuevos hacendados compraron parcelas y se instauró el primer cementerio protestante de Brasil.

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