domingo, 20 de septiembre de 2015

Sobre el toro de la vega.

Tengo en mis manos un editorial, publicado el 18 de septiembre en el diario EL CORREO. En él aclara que las protestas contra el polémico toro de la vega, celebrado en Tordesillas, no son nuevas.
 Cada año, con motivo de las fiestas tradicionales, se suelta un toro en la vega y es hostigado por caballistas y corredores a pie armados con lanzas. El espectáculo no termina hasta que uno de los participantes mata con la garrocha al animal.
Con los últimos años y la nueva sensibilidad ecologista, los antitaurinos se presentan año tras año en el festejo, buscando la confrontación, por lo que el aspecto taurino para algunas personas va siendo lo de menos en comparación con un buen, y castizo como el que más, pifostio a pedradas entre vecinos del pueblo y forasteros. Un amigo de mi panda es jefe de la policía local en la localidad y está hasta las narices de mediar entre unos y otros.
Pues bien, en 1883, el Noticiario Bilbaíno también condenaba esta fiesta, considerándola "inhumana, un retraso en el orden moral".
Como no soy partidario de un bando u otro, opinaré del tema con tanta equidad como me sea posible. El torero se enfrenta con un estoque y un capote rojo contra el toro. Casi siempre lo mata, pero si hace mal su trabajo, es el toro el que gana. ¿Cómo puede ganar un animal de 600 kilos contra medio pueblo ávido de su sangre? Imposible.
Podríamos aducir que se trata de una acción de caza, que el toro que se sale de los límites de la vega es indultado, pero tampoco eso es en esencia cierto. Los dos toros indultados murieron, uno como consecuencia del sobreesfuerzo y otro reducido a balazos por la Guardia Civil. ¿Qué sale ganando el astado con todo esto?
Como es justo que para todos haya, creo que el antitaurino de pro se dará cuenta de que el astado no es una mascota, que son mantenidos con vida con motivo de la Fiesta Nacional, y que si se prohíbe la tauromaquia lo más seguro es que esos animales también mueran también. Antes, incluso.
Somos animales, no plantas. Como Lestat, el vampiro, estamos obligados a matar algo si queremos sobrevivir . Todas nuestras acciones tienen un impacto en el medioambiente, pues Dios nos ha dado la capacidad de modificarlo y de crear cosas a partir de otras. Como dice Spiderman, todo poder entraña una gran responsabilidad.
Antes había una "divertida" tradición, la de las vaquillas encohetadas. Consistía en revestir de pólvora a una vaca brava, "dar fuego a la pólvora y dejar que el noble animal muera enfurecido y atormentado por el fuego", según la edición de 1883 del Diario Bilbaíno. Ya no se hace.

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