viernes, 30 de octubre de 2015

La abdicación de Carlos V.

Carlos V entrá en la sala morada del palacio de Coudenberg de Bruselas. Rodeado por los caballeros de la Orden del Toisón de Oro, la nobleza y los miembros de los Consejos, así como del futuro Felipe II, se sienta en el trono por útima vez y empieza a leer. "Sé que para gobernar y administrar estos Estados y los demás que Dios me dio ya no tengo fuerzas, y que las pocas que han quedado se han de acabar presto. Y porque ya en este tiempo me siento cansado, que no os puedo ser de ningún provecho, como bien veís estoy tan acabado y deshecho, daría Dios y a los hombres estrecha y rigurosa cuenta si no hiciese lo que tengo determinado, dejando el gobierno..."
La mayoría de los historiadores opinan que fueron una combinación de vejez y soledad los que indujeron al emperador Carlos V a ser el primer monarca que renunciaba por propia volntad al poder. Todos los adversarios con los que habia batallado en la juventud, como Francisco I, rey de Francia,y el fraile agostino Martín Lutero ya habían fallecido.
Carlos V se sentía fracasado. No había sido capaz de entender, y por supuesto, muchísimo menos frenar, la Reforma luterana, aunque sí había consolidado el domnio español sobre Italia. Las nuevas posesiones en América eran extensas pero su administración era deficiente. Los pizarristas y almagristas se mataban en Lima, formando un caos muy difícil de superar.Además, tenía que renunciar por culpa de la bancarrota propiciada por los intereses heredados y los compromisos adquiridos, a recuperar el Franco Condado de la Borgoña.
Abandonados los sinsabores de la política se instaló en el español monasterio de Yuste para curarse de la gota. Hizo llamar a su lado a un prestigioso maestro cervecero, al ingeniero hidraúlico Juanelo Turriano, para que le enseñase a fabricar relojes y para que construyera varios estanques artificiales. Los anecdotistas dicen que, aficionado al cante gregoriano, se le oyó exclamar ante un gallo de uno de los monjes de Yuste: "Hideputa Bermejo, que aquel erró".
Se lo hubiera pasado estupendamente si no fuera porque de uno de los estanques desecados por Turriano salió el mosquito que transmitió el paludismo a Carlos V. Murió el 21 de septiembre de 1558. Lo último que dijo fue: "Jesús".

No hay comentarios:

Publicar un comentario