miércoles, 4 de noviembre de 2015

Ataques vikingos en la Península Ibérica.

Las fuentes que tenemos sobre los guerreros vikingos no son objetivas. Las sagas nórdicas ensalzan a los héroes; los códices de los monjes cristianos los describen como ladrones de objetos litúrgicos,  esclavistas y asesinos de frailes; los románticos del siglo XIX están fascinados por ellos pero no tienen información real, y los nazis... Bueno. A los nazis les encantaba todo aquel que agrede a los demás en plan banda paramilitar, por lo que tampoco son muy objetivos.
En España no hay yacimientos arqueológicos vikingos, y las únicas crónicas de sus incursiones son las de los monjes que expoliaron. Los autores árabes los vieron menos pero hablaron más. Los nórdicos habían instalado una base de operaciones en la ciudad costera franca de Bayona, pero los vientos del Cantábrico desviaron sus drakkars hacia Gijón en 844. Asaltaron todo lo que había a su alcance en la costa gallega, hasta que los derrotó el rey de Asturias, Ramiro, que les incendió más de 60 drakkars.
Los árabes sufrieron en 844 un asalto contra Lisboa, cuyos moradores poden ayuda al califa de Córdoba. Como los vikingos no sabían nada acerca de la guerra de asedio se limitaron a bloquear Lisboa dos semanas, antes de remontar el Guadalquivir y atacar Sevilla. Se habían apoderado de caballos, por lo que los ataques a fincas rurales aisladas eran más veloces y sorpresivos. Pero Abderramán II reune una tropa que los derrota.
La flota vikinga de 844 todavía saquea Béjar, pero las autoridades llegan a un acuerdo con ellos. Ellos dejan de rapiñar y el califa les ofrece tierras para su explotación en Isla Menor (Sevilla), donde se dedican a elaborar quesos y mantequilla.
En 986 hay un segundo ataque contra la rica ciudad de Santiago de Compostela realizado por dos líderes vikingos de renombre: Hastings y Bjorn Costilla de Hierro. Las tropas de Ordoño II les quitan las ganas de aparecer por allí.
Como los nórdicos han oído hablar de las monedas de plata que circulan por Al Andalus, toman Algeciras e intentan remontar el Guadalquivir hasta Sevilla, lo que impide una flota de guerra árabe. Se desquitan en Murcia, Alicante y Baleares.
En esa expedición, los vikingos confunden Génova con Roma y la conquistan gracas a un ardid. Hacen correr la voz de que Hastings, uno de los lìderes, ha muerto durante la expedición, y que sus hombres desean enterrarlo en suelo cristiano, gracias a una donación.
Sólo que Hastings está metido vivo en el ataúd con un montón de armas que reparte en la iglesia entre sus hombres. Carniceria al canto.
En esa misma expedición, ya de vuelta a los cuarteles de invierno, los nórdicos secuestraron al rey de Navarra, García Iñiguez, y cobraron por él un sustancioso botín de 70.000 dinares.
"Si los vikingos tuvieron tanto éxito en Inglaterra es porque sus gobernantes no estaban unidos. En la España de los siglos X y XI los gobiernos de los reinos peninsulares eran estables y tendían a colaborar, por lo que siempre que vinieron fueron derrotados", me explica un historiador.

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