miércoles, 4 de noviembre de 2015

Los aliados liberan Caen.

Madrugada del 6 de junio de 1944. Un grupo de paracaidistas británicos liberan un puente estratégico detrás de las líneas alemanas. Los soldados cruzan el río Orne y se van a celebrar el éxito de su misión a un café cercano. Los propietarios celebran la novedad de su presencia sirviéndoles botellas de champán, que habían logrado esconder de los alemanes.
Arlette Gondreé tenía 4 años ese día. "Mis padres esperaron cuatro años a que llegara aquel momento. Estaban tan felices que abrieron 98 botellas de chanpán que tenían escondidas de los nazis desde 1940". Los vecinos saben por informes de los colaboradores de la Resistencia que la RAF está bombardeando El Havre y sus instalaciones portuarias, 18 kilómetros al norte.
Caen es fundamental para las tropas comandadas por Montgomery: se trata de una ruta abierta hacia París,fin último de la Operación Overlord, cuyo objetivo es establecer una cabeza de puente desde la que acosar a las tropas de ocupación nazis. Los ingleses se toman muy en serio tomar esta ciudad de provincias, capital de la Baja Normandía, a 15 kilómetros de la playa Sword. Toman ciudades como Bayeux sin dificultades, pero Caen es un hueso difícil de roer por la concentración de tropas alemanas.
A mediados de agosto de 1944, los aliados siguen sin poder pisar Caen, y toda la operación Overlord está estancada. Se lanzan 7567 toneladas de bombas sobre la población, lo que contribuye a destruir el 80 por ciento de los edificios y a complicarles las cosas a la Werhmatch.
Marin- Catherine hace de auxiliar de su madre, una enfermera. Lo recuerda asï: "Nos bombardeaban y la gente era feliz, aunque les hubieran causado daños tremendos. !Esas bombas significaban el fin de la opresión!" Muchos alemanes destinados en Francia veían en un eventual repliegue una oportunidad de oro de regresar a casa y ocuparse de sus intereses reales: sus familias. Muchos se han alistado para evitar represalias de los mandamases regionales del Partido Nazi, los galeuters.
La relación de los alemanes con la población civil era ambigua: Félix James, de 86 años, lo recuerda asÏ. "Uno de ellos nos enseño a mi madre y a mí una fotografía de su esposa y de su hijo. Los nazis encarcelaron a mi padre, pero había dos soldados que venían a casa de vez en cuando para ver si estábamos bien. Tomábamos café con ellos".
Los vecinos de su edad no tienen tan buena impresión de las tropas de ocupación. "Los nazis eran violentos y nos tenían controlados. Los peores, con diferencia, eran los oficiales y los miembros de las S.S.- renemora Marin Catherine- Estaba prohíbido tener una radio, el toque de queda era a las 8 de la tarde y teníamos cartillas de racionamiento. Y en cuanto desembarcaron los aliados, todo se agravó. Estaban asustados e irascibles. Sabían que no podían parar una invasión aliada y que era el principio del fin".
La gente moría aplastada bajo las bombas aliadas. Los edificios se derrumbaban. Los hombres y mujeres del SOE y de los circuitos de la Resistencia saboteaban las líneas eléctricas y robaban raíles de ferrocarril. Jacotte Faviny, que tenía 19 años el verano de 1944, huyó de Caen a Fleury-sur- Orne, 3 klómetros al sur. Volvió tres semanas después. Una tía suya murió entre los escombros de su casa y otra reapareció viva en su propio funeral. Todo era una locura.
En las zonas rurales se recibió a los soldados aliados con vino y fruta. Pero en Caen habían muerto 19.980 civiles. En la región han perdido la vida 76.000 personas. La reconstrucción fue lentísima y no hubo servicios básicos durante 6 meses. "A pesar de tanta destrucción, los aliados fueron bien recibidos- sentencia Marin- Caterhine.- Aún así, el bombardeo de Caen fue, sencillamente, un crimen de guerra".

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