miércoles, 25 de noviembre de 2015

Los prerrafaelistas.


Algunas personas confunden el amor con la obsesión. Elizabeth Siddal, una modesta dependienta, se convirtió en el icono de los prerrafaelistas. Estas personas son un grupo de creadores pictóricos que adoraban Grecia, la obra de Dante, Roma y la Antigüedad. Elizabeth pagó tanta devoción con su vida.
Pelirroja y de tez pálida, era la musa del pintor John Everett Millais. La pintó como Ofelia, la amante no correspondida de Hamlet. Otro prerrafaelista, Dante Gabriel Rosetti, se enamoró de ella. La apartó de Millais, la cortejó y la convirtió en su esposa. Poseído por unos celos malsanos, la prohibió posar para otros pintores y la enclaustró: mientras Elizabeth sufría lo indecible Rosetti se iba con sus amantes. Elizabeth perdió la razón (mecía la cuna de un bebé que jamás llegaría a nacer) y finalmente se suicidó con una sobredosis de laúdano. Rosetti, culpabilizado, metió unos poemas en el ataúd bajo la cabellera de Lizzie antes de que los funerarios lo cerraran.
Cinco años después, en 1870, Rosetti tuvo que autorizar la exhumación para que los editores recuperaran sus versos. Hablaban de damas élficas, alados valles, manantiales, sueños, éxtasis, vigilia y "visiones esquivas que hacen gemir". Otro poeta, Robert Bchanan, publicó un artículo bajo seudónimo, donde tachaba a Rosetti y a su grupo de "escuela poética de la carne", de "afeminados" y de "obscenos". Muy victoriano todo.
Durante el reinado de Victoria (1837-1901) los artistas ingleses vivieron una transformación, que corrió paralela a la de todo el país. Los latifundios y las villas de recreo rurales dieron paso a las fábricas de fósforo, los telares y el humo de las locomotoras. Avanzaban las fábricas pero no las mentalidades. Las mujeres bien tapadas, las clases sociales bien separadas. Y en este contexto de pacatería nacen la pasión por lo antiguo y la sensualidad de los prerrafaelistas.
Sir Lawrence Alma- Tadena, Edward Colley Burne-Jones, Sir Frederic Leighton o Dante Gabriel Rosetti pintaron cuadros que la estirada comunidad artística británica no aceptó del todo. Además de dioses y emperadores romanos, o Lancelots y otros personajes de la leyenda artúrica estos pintores representaban en el lienzo magas, ninfas, Cleopatras, Pasífaes, hadas, seductoras envenenadoras !desnudas!
Tras la Primera Guerra Mundial, los cuadros figurativos de temática mitológica o histórica perdieron interés y capacidad de escandalizar y fueron relegados a los trasteros, de donde los rescataron a mediados del siglo XX los directores de cine. Estos buscaban una estética y unas referencias para sus peplums, películas de aventuras ambientadas en la Antigüedad clásica.

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