martes, 29 de diciembre de 2015

Nube Roja.

En los años de la Gran Depresión las comunidades rurales de los Estodos Unidos estaban pasando uno de sus peores momentos. Así que para levantarles a los lugareños la moral se rodaron unas películas del Oeste que mitificaban el pasado de estas comunidades. Se presentaba al hombre blanco como la avanzadilla de la civilización frente al primitivismo y al salvajismo de los nativos americanos. Había que "domesticar" el Continente para colonizarlo y eso incluía también a sus antiguos pobladores.
Pero ese mito, esa fantasía fundacional, poco tiene que ver con la realidad, tal y como explican en su libro el periodista Tom Clavin y el militar Bob Drury, "EL CORAZÓN DE TODO LO EXISTENTE. LA HISTORIA JAMÁS CONTADA DE NUBE ROJA" (Editorial Capitán Swing).
Nube Roja había sido testigo de las consecuencias de la matanza a manos de Chivington de indios en Sand Creek, en 1862, lo que supuso la expulsión de los nativos americanos de Colorado. Él mismo lideraría una campaña contra los hombres blancos entre 1866 y 1868, que se saldó con una victoria para Nube Roja. En juego estaba permanecer en Wyoming y Montana.
El indio lakota hizo creer a los oficiales de la Caballería que la rebelión no tenía un líder indiscutible, él, y que las tribus estaban desunidas. Los oficiales blancos pensaron que bastarían 81 hombres para derrotar a un puñado de hombres capitaneados por el sioux oglala Caballo Loco. Pudieron verle a lomos de un caballo herido. La victoria parecía fácil, solo que ninguno de los 81 hombres destanados a esa operación militar regresó con vida. Sólo hubo 14 nativos americanos heridos.
En el Segundo Tratado de Paz de Fort Laramie de 1868, los lakota recibirían una renta anual, un territorio propio, el fin de la injerencia blanca en los territorios de la Línea Bozeman y provisiones. El poder de Nube Roja en esos momentos era enorme porque supo unir los intereses de los sioux, los cheyennes y los arapahoes.
El descubrimiento de oro en las Colinas Negras llenó la frontera de blancos indeseables y de gatillo fácil dispuestos a la confrontación y de oficiales oportunistas que los azuzaban en busca de una guerra contra los indios. Toro Sentado y Caballo Loco unificaron las tribus para conseguir la victoria de Little Big Horn (1876), pero el exito fue tan grande, y la impopularidad de los indios tras ella tan hostil y envenenada que ahogó a los vencedores. Toro Sentado tuvo que huir a Canadá con su tribu, los hunkpapa. Caballo Loco fue atraido a una emboscaba en Fort Robinson y asesinado a bayonetazos. Como era altísimo tuvieron que cortar las piernas del cadáver para que cupiera en un ataúd normal.
Nube Roja no participó en esta campaña porque era consciente de que cualquier victoria sería efímera. Visitó al presidente en Washington. Le dijo: "Nos estamos derretiendo como la nieve en primavera, mientras vosotros soís como la hierba de la pradera".
En cuanto a su vida personal, Nube Roja destaca por su indiferencia ante la crueldad siempre que esta respondiera a los códigos del guerrero. En una expedición para robar caballos, acechó y mató al muchacho que los vigilaba. Se quedó en las inmediaciones y mató al padre del mismo modo. En otra ocasión vio a un miembro de una tribu rival ahogándose en un río crecido. Se tiró al agua y lo sacó. Después lo apuñaló y le arrancó la cabellera.
Se casó con su esposa Lechuza Hermosa por conveniencia política. A él le gustaba otra mujer llamada Hoja de Pino a la que también deseaba esposar. La muchacha no tenía los mismos planes que Nube Roja porque se colgó. El jefe sioux comprendió que los dioses le estaban dando una llamada de atención, por lo que descolgó el cadáver, la tapó con su mejor manta, avisó a la familia y presidió las ofrendas fúnebres. Permaneció simepre fiel, después de esto, a Lechuza Hermosa.

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