martes, 1 de marzo de 2016

El Ministerio del Tiempo y Cervantes. Rivalidad en la literatura del Siglo de Oro.

La Patrulla tiene la misión de enfrentarse a unos viajeros del tiempo estadounidenses, mejor pertrechados, con la misión de robar el manuscrito de la primera parte de El Quijote en 1604. Amelia Folch volverá a encontrarse con su admirado Lope de Vega y se meterá de lleno en boicotear la comedia de Cervantes LOS BAÑOS DE ÁRGEL para comunicarle que regrese a la redacción de prosa, que es, a la postre, lo que le dará fama.

Un poco de literatura:

Cuando Cervantes, ya sexagenario, llega al barrio de Las Letras de Alcalá de Henares un joven vecino llamado Lope de Vega tiene 40 años, un debutantes llamado Quevedo tiene 25, y Góngora frisa la cincuentena.
Respecto a la rivalidad de Cervantes contra Lope de Vega se debe sobre todo a que en un país analfabeto lo único que le llega al pueblo es el teatro y las novelas de temática pastoril. Cervantes quiere destacar, de hecho un impresor le paga por seis comedias en el plazo de un año, trato que no lleva a término, aunque ese mismo año gana un certamén poético en Zaragoza.
El Quijote tiene una acogida discreta y La Galatea, una obra de corte pastoril, recibe duras críticas. Es tarde para que Cervantes aprenda y practique nada nuevo. La obra LOS BAÑOS DE ÁRGEL si fue estrenada, así como otra, pese a lo que se le cuente al espectador de la serie.
En la segunda parte del Quijote la rivalidad entre Lope y Cervantes, iniciada con el siglo XVII, ha llegado a la máxima expresión posible. Cervantes escribe en el prólogo, sin nombrar a Lope, que un clérigo y familiar de la Inquisición ha publicado cosas sobre Cervantes que no son ciertas. Lope era ambas cosas en 1615.

La rivalidad entre Góngora y Quevedo, algunas décadas más tarde, fue un mito montado tras la muerte de ambos literatos. Góngora era casi un anciano, y Quevedo un jovencito con un futuro como diplomático en Italia.
Había quejas sobre el estilo de versificar de ambos. Góngora era culteranista, usaba palabras y modismos complicados. Quevedo apostaba por la llaneza en el lenguaje, por la sencillez. Si es cierto que Quevedo escribió satirizando la afición por el juego de Góngora, y que este respondió llamándo al muchacho Quebebo, por su afición por las tabernas. Pero muchos de los versos hirientes que se le atribuyen a Quevedo sobre personajes de la Corte eran panfletos anónimos, como tal vez lo fueron los dedicados a Góngora. De la rivalidad no se recoge testimonio hasta 80 años después de muerto Quevedo en prisión.

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