jueves, 19 de mayo de 2016

Centenario del Tratado de Sykes- Piccot (16 de mayo de 1916)

Hace un siglo Turquía era el enfermo de Europa, un Imperio en descomposición que había dominado medio mundo conocido por los europeos antes del descubrimiento de América. Se había aliado con las Potencias Centrales, dirigidas por Alemania durante la Primera Guerra Mundial, lo que había incrementado las tensiones. Las dos futuras potencias vencedoras de la contienda habían puesto sus codiciosos ojos en los ricos recursos del Impero Otomano y se repartieron las zonas de influencia. Deberes para después de la guerra, en el caso de que ellos la ganasen. El 16 de mayo de 1916 fue ratificado el acuerdo con las firmas de los diplomáticos responsables de las negociaciones, el británico Mark Sykes y el francés Francois George-Picot.
Este tratado sería uno de los principales desastres de la diplomacia del siglo XX, y es la fuente de conflictos seminal del avispero actual de Oriente Medio. Los ganadores de la Gran Guerra olvidaron a propósito en Versalles sus promesas de crear un gran Estado árabe que incluyera los territorios que actualmente son Irak, Jordania, Siria, Libia, Palestina y la Peninsula Arábiga. Todo esto fue percibido por los árabes como una traición y tiene su consecuencia en la desconfianza y antagonismo ante todas las propuestas posteriores, desde 1919 hasta el día de hoy, hechas por los occidentales.
"Pretendí forjar una nueva nación, restaurar una influencia erdida, proporcionar a veinte millones de semitas los cimientos sobre los cuales pudieran edificar el inspirado palació de ensueños de su pensamiento nacional (...) Pero cuando ganamos se me alegó que se ponían en peligro los dividendos petroleros británicos en Mesopotamia y que estaba arruinando la política colonial francesa en Levante".
El que habla de esta manera tan amarga de T. E. Lawrence, mas conocido gracias a la propaganda norteamericana del periodo de entreguerras como "Lawrence de Arabia" en su obra "Los siete pilares de la sabiduría". Lawrence era un erudito y espía que se había enrolado en el Servicio de Inteligencia británico, en la sección colonial que operaba desde el protectorado egipcio. Su misión consistió en movilizar a las tropas árabes, comandadas por Feysal uno de los hijos del Jerife de La Meca, para que apoyasen con acciones de guerrilla a las tropas regulares británicas.
A pesar de que medió en la Conferencia de Versalles (1919) para que se cumpliera lo acordado, las realidades de una potencias ganadoras que tomaron unas decisiones desastrosas para su futuro a medio plazo se impusieron. Lawrence no volvería a Oriente Medio, a pesar de que se le ofrecieron varios puestos como académico y arqueólogo. Moriría mientras pilotaba su motocicleta Brough Superior a los 46 años, cuando la amenaza del nazismo ya se perfilaba.
La ruptura de la promesa a los árabes envenenó las relaciones con Occidente. Los servicios secretos egipcios conspiraron con el Afrika Korp de Romme para que Alemania sustituyera a Gran Bretaña como potencia europea mediadora e aquel avispero. Se avivaron las animosidades entre chiítas y sunitas, las de los árabes y judíos. Los kurdos, que tanto habían apoyado a los británicos en su lucha contra los turcos, se quedaron sin territorio propio....
Todo un desastre en toda regla. Y en cuanto al bueno de T. E. Lawrence lo único que podemos decir es una frase que puso Oliver Stone en boca de uno de sus personajes: "Los soñadores cansan".

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