domingo, 19 de junio de 2016

Por qué llamamos a los coches coches.

En su origen se trataba de carruajes pesados indistintamente tirados por bueyes o caballos que no se diferenciaban mucho de los que cargaban los pertrechos de las legiones romanas durante sus campañas. Durante siglos los carros solo servían para transportar mercancás. Eran los camiones de la Edad Media. Pero los caminos estaban mal cuidados y su peso los hacía encallar sobre el terreno a menudo. Quienes tenían prisa como los mensajeros de los reinos medievales solían recurrir a corceles.
A finales del siglo XV, la pequeña localidad húngara de Kocs, al noroeste del país, era parada obligatoria en la ruta entre Viena y Budapest. En Kocs se especializaron en reparar carruajes. Uno de estos maestros carreteros tuvo la idea de aligerar la carrocería de las carretas para hacerlas más ligeras, y cubrir el habitáculo de los viajeros para protegerles de las inclemencias del tiempo.
La idea recibió las chanzas del gremio de maestres carreteros, pero pronto, paulatinamente, todos empezaron a hacer mejoras en las carretas. Éste experimentaba con la madera más ligera, áquel le ponía suspension al habitáculo de los pasajeros y el de más allá sustituía las rodajas de madera macizas que servían como ruedas por unas más ligeras, provistas de llantas. Así, entre todos, crearon el "Kocsi Széker" o "Carro de Kocs".
El habitáculo tenía cabida para cuatro viajeros, protegidos de la lluvia, el barro y el frío, hasta ahora inconvenientes inevitables de todo viaje prolongado. Los nobles quisieron tener uno o dos de estos carruajes en sus propiedades, capaces de recorrer 75 kilómetros diarios, una disptancia vertiginosa en 1520.
Poco a poco los Concejos de las ciudades de Centroeuropa abrieron líneas regulares de transporte de viajeros y mercancías, por las que también viajaban las ideas del Renacimiento.

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