sábado, 30 de julio de 2016

El desastre del US.S. Jeannette.

El 8 de julio de 1879, los habitantes de San Francisco, California, vitorean a un antiguo buque de la Marina Británica de tres mástiles. La embarcación está zarpando hacia el Estrecho de Bering. Su misión, según Hampton Siddes, es hacer ondear la bandera de las barras y estrellas en el Polo Norte.
Hampton Sides es autor de un libro llamado El reino del hielo: El gran y terrible viaje de la U.S.S Jeannette, y editor de la revista Outside.
La expedición estaba patrocinada por el magnate de la prensa James Gordon Benett, Jr,  propietario del New York Herald, el Rupert Murdoch de su época. Sus publicaciones anunciaban la llegada de los Estados Unidos, una potencia de segunda clase, al escenario mundial.
Lo que comenzó como ua misión patriótica, se convirtió en una historia de supervivencia entre los hielos del Norte, cuando la Jeannette se hundió en el ártico, y su tripulación tuvo que caminar 1000 millas hasta Siberia.

La historia del desastre de la U.S.S Jeannette al Polo Norte es algo olvidado. ¿Qué te hizo sacarlo del permafrost?

M enteré de esta historia por un artículo sobre el explorador noruego Fridjod Nansen en la revista National Geographic. Hay un museo dedicado a él y a su barco, el Fram, en Oslo. Mientras estuve en Noruega algunos historiadores me hablaron del malogrado viaje del U.S.S. Jeannette como una precuela de las ideas de Nansen de dejarse atrapar por el hielo para acercarse al Polo Norte.

La investigación para tu libro duró tres años. ¿Hubo algún momento eureka?

Sí; lo hubo. Localicé a una pariente lejana del comandante De Long, en Connecticut. Es una  mujer anciana. Me dijo que tenía un viajo baul lleno de chismes de Emma, la esposa de George Washington De Long.
Emma había guardado toda su correspondencia, desde sus cartas de amor hasta las cartas que envió a su marido al Ártico a través de los barcos balleneros. Y muchas de esas cartas terminaron en el libro.

El viaje estaba patrocinado por el magnate de la prensa Gordon Bennett, que era una especie de Rupet Murdoch. Háblanos de él y de algunos de sus hábitos más extraños.

(Risas) Era un empresario excéntrico de la Edad Dorada. Era el editor del New York Herald, el periódico más importante del mundo en 1879. Era un duelista. Tenía yates en varias partes del mundo. Era un marinero osado que ganó la primera regata transatlántica. Bennett también introdujo el tenis, un deporte que hacía furor en Inglaterra, en los Estados Unidos, Construyó un enorme palacio en Newport, que actualemente es el Salón Internacional de la Fama del Tenis.
Uno de los deportes que más le gustaban eran las carreras de caballos alrededor de Nueva York. Le gustaba cabalgar desnudo. Llegó a ser conocido como "El Caballero Desnudo".

El líder de la expedición era George Washington De Long. ¿Qué clase de hombre era?

Un hombre muy recto. Un capitán de carrera de la Marina de los Estados Unidos que se había enamorado del ártico durante una expedición anterior y deseaba regresar. Quería ser el primer hombre en llegar al Polo Norte.
Estamos a finales de la era naval de la exploración polar, cuando todavía había gente que pensaba que se podría llegar al Polo en barco. Estados Unidos acababa de comprar Alaska a Rusia y necesitaba desesperadamente saber qué había al norte de ese territorio. 

¿Cómo surgió la idea de una expedición al Polo Norte como una manera de conectar con el sentido de confianza de Estados Unidos como una gran nación?

En 1865 termina la Guerra de Secesión y comienza la Edad Dorada. Por primera vez competíamos en el escenario mundial con las potencias europeas.
Hasta ese momento, las grandes exploraciones polares habían sido llevadas a cabo por los británicos o los escandinavos, en ocasiones los rusos. Estados Unidos estaba entrando en ese juego, y, de hecho, lo ganó en 1909 con las expediciones de Peary y Henson.

La triplación de la Jeannette era internacional. Tú la llamas una sección transversal de la Edad Dorada" Háblanos de algunos de ellos.

Era una mezcla de gente, todos ciudadanos americanos. Inmigrantes de Dinamarca y Noruega, Escocia e Inglaterra. Había dos chinos del Chinatown de San Francisco. Y dos conductores de perros inits. Los oficiales de la nave se habían gradiado en la Academia Naval de los Estados Unidos, incluido De Long. También había dos científicos civiles a bordo: una naturalista asociado al Smithsomian. Y un metereólogo de Irlanda.

Desopués de quedar atrapados en el hielo, De Long y sus hombres tuvieron que caminar mil millas hasta la costa de Siberia. ¿Qué te impresionó más acerca de la terrible experiencia?

Tan pronto como el U.S.S. Jeannette se hunde, todo cambia. Ya no es una historia de exploración y dscubrimiento sin de supervivencia, una historia de liderazgo y camadería.
Sabían que se acercaba el invierno. tenían los meses restantes del verano para llegar a Siberia, arrastrando su equipo en tres pequeñas ebarcaciones a lo largo de 91 interminables días.

Se vieron obligados a cazar y comer comida bastante exótica, como las "salchchas" de morsa.

Cazaron un montón de focas, gaviotas, morsas e incluso osos polares. Sí; tuvieron una alimentación exótica.

Los exploradores fueron auxiliados a su llegada a Siberia por el pueblo Yakut. Dános una visión antropológica rápida de estos nativos de Siberia.

Parecen inuits, pero no lo son. Parecen mongoles, pero hablan un dialecto que es comprendido sin dificultades por los turcos. Pero ellos han vivido mucho, pero mucho tiempo, en esta región de Siberia. Tienen su propio territorio cerca de la desembocadura del Lena, lejos de las interferencias con Moscú, y en aquella época con el zar de San Petersburgo. Una mujer Yakuta lavó con grasa de ganso los pies congelados de George Melville, el ingeniero de a bordo. Melville estaba emparentado con Hermann Meville, el escritor, pero no sabemos en qué grado. Luego las mujeres yakutas repartieron ropas de abrigo entre los tripulantes exhaustos.
Los Yakutos no tenían ninguna razón para hacer esto, ya que los recién llegados podían ser peligrosos criminales rusos escapados de un penal de trabajos forzados. No solo podrían hacerles daño cuando se sintieran un poco mejor, sino que podía meterles en problemas con las autoridades.

También fueron ayudados por las autoridades militares rusas, Es un gran contraste con la desconfianza que existe entre nuestros pueblos hoy en día, ¿verdad?

En 1879 había una gran curiosidad en los Estados Unidos por Rusia. Los supervivientes del desastre del U.S.S. Jeannette fueron incluso invitados a reunirse con el zar Alejandro III.

Durante la expedición 11 hombres, incluido De Long, murieron. Como editor de la revista Outside, a veces tienes que enviar hombres a expediciones peligrosas. ¿Qué piensas de la expedición de Bennett de enviar personas a un lugar tan peligroso como el ártico con el propósito de vender más periódicos?

Bennett pensaba que el riesgo formaba parte de la vida. Él mismo los corría en sus hazañas deportivas, tanto si se trataba de vela como de automovilismo.
Ya había enviado a Henry Morton Stanley a África a buscar a David Livingstone, a pesar de que no se había perdido realmente. (Risas) Y los despachos de Stanley habían sido un éxito. Bennett quería hacer un bis cuando organizó la expedición al Ártico.
Mantuvo a las viudas y subvencionó a los supervivientes. ¿lo hizo por qué se sentía culpable? Nunca lo sabremos.

En 2014 se descubrió una de las naves del explorador polar sir John Franklin, hundida en 1840. ¿Por qué no buscamos los restos del U.S.S Jeannette?

Sabemos dónde está, debido a que la tripulación tomó mediciones bastante exactas de su posición cuando se quedó atrapado en el hielo. El problema es que está en aguas nacionales rusas, en un territorio que Rusia se disputa con otro país. Así que el problema no es de arqueólogos que no saben dónde podría estar el pecio, sino de diplomáticos que no se entienden.

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